diumenge, març 29

Preocupaciones

Nunca he entendido muy bien cómo funcionan las necesidades humanas. Será que comer, como lo que sea, duermo en cualquier lugar, amo en el momento que se presenta la ocasión. No hay más allá.

Será que tampoco tengo aspiraciones más allá de esto. Si hoy hace calor, busco la sombra hasta que siento el frío, y si hace frío, corro para calentarme, no necesito más.

Pero que no se me malinterprete: claro que tengo sueños. Como dicen, yo fui el que sobresalía en mi camada: no sólo era rubio, también era inteligente, aunque las casas, los lugares cerrados, no eran para mi.

Por eso tomé este camino y andando lo encontré: parecía un perro viejo, sarnoso y con el aroma de quien no ha tocado el agua en años. Con todo, fue el primero que me dio un pedazo de tortilla luego de vario tiempo sin comer.

Aunque no comprendo muchas cosas, sí que entiendo de lealtad: es algo que la familia valora mucho desde hace siglos, sin exagerar. Así que me quedé con él, quizá menos por ayudarle que porque era una mascota divertida.

Cada mañana salíamos de debajo de un puente, donde teníamos nuestra casa. Allí se duerme realmente bien, con el calor de los cartones que se parece tanto al de mamá. Caminábamos aparentemente sin rumbo, pero siempre dábamos a la misma iglesia, con su huerto lleno de árboles tan atractivos para, ahm, ya saben.

Siempre se quedaba viendo a la puerta, muy serio, como si esperara algo. En cuanto sonaban las campanas, corría muy rápido, será que lo espantaban. Sé qué es eso: si estalla un petardo no hay galgo que me gane.

Luego de eso vagábamos un poco más, buscando entre los botes de basura. Mi olfato es muy fino: sé determinar con precisión cuanto falta para que algo se descomponer, así que jamás corrimos peligro de morir por envenenamiento.

Se sentaba en un portal, estirando la mano, viendo hacia arriba a los que pasaban, con una cara tristísima. A veces lo acompañaba, no faltaba un buen cristiano que nos diera algo que estaba comiendo, aunque la mayoría nos daba monedas.

Cuando me aburría, que era la mayor parte del tiempo, me gustaba meterme en la fuente que estaba en una plaza cercana, corretear a las palomas o las burbujas que tiraban los niños. Al principio me veían con recelo, lógico, pero luego me hice tan familiar que hasta un nombre me dieron.

Luego de comer, venía la mejor parte del día: solía pasarse las tardes contando historias de una familia y una casa en el campo, que dejó luego de no sé qué drama, que luego tuvo problemas con el alcohol y la soledad y que entonces llegué yo.

No sé quién dijo que los niños y los borrachos dicen la verdad: siempre contaba una historia distinta (¿o serían porciones diferentes de la misma?), pero siempre terminaba igual: algún día volveré a mi casa, estaré con mis hijos, seré feliz.

Si eso pasó o no es algo que no puedo decir. Lo que sé es que una noche, más lluviosa que lo normal, se quedó dormido en el puente y no se movió, por más que lo intenté. Como la lluvia apretaba, corrí hacia el único lugar seco que recordaba, la iglesia.

Luego de arañar la puerta, se apareció allí, vestido todo de blanco, con la mirada serena, ¡y bañado! Me dio mucho gusto ver que sí había vuelto a casa y me hubiese gustado estar limpio antes de entrar a su casa, pero ya se sabe que es cosa difícil en la calle.

Entendí al poco tiempo -no por nada era el más despierto de mi camada- que no era él, sino su hermano. Comprendí que algo pasaba porque, al abrazarme, comenzó a llorar, pero no entendí bien qué era tan triste, porque la gente tiene formas raras de hacer las cosas.

Desde entonces vivo allí, en la sacristía. Y aunque me dan de comer y un buen lugar donde dormir, nada es gratis: cazo ratones y ahuyento a los distraídos ladrones que llegan a saltar la vieja tapia: si supieran que a duras penas sobrevivimos el cura, el sacristán y su familia y yo, quizá hasta nos dejarían algo de comer.

La vida es simple: como cuando tengo hambre, si hace frío busco el calor, si tengo sueño, duermo. El amor lo dejo para los jóvenes, ya saben que perro viejo no aprende truco nuevo. Por eso es que no entiendo porqué la gente se preocupa tanto.

dissabte, març 28

Ciudad

Con sus ruidos,
Respiración cansada de fábricas y obreros
Agitados murmullos de amantes rezagados
Memorias de una noche más que acaba

Con sus aromas
Siempre diluidos en la bruma
Ignorados por trascendentes, terribles porque nos recuerdan nuestra humanidad

Con su textura,
Piedra que sentí contra mi espalda cuando niño
Alfombra de jacarandas tantos años después,
Con su mano suave que hiere cuando acaricia

Con su cielo sin chiste que nos mira
Que pude colores prestados
Eternamente gris y a punto del llanto
O de la lluvia, que remojar miserias
Y concede el perdón

Con sus huellas,
Mis propios pasos en su memoria infinita
Con su mañana mejor que ayer,
Pero negado por los recuerdos
Materia servil del deseo,
Con su historia y con quienes la relatan
Con la mujer a quien espero,
Con la certidumbre de quien nada pierde
Así amo a esta condenada ciudad.

Los muertos no salen bien en las fotos

No lo había tomado en cuenta hasta que vi su foto en la televisión: no era precisamente guapa, ni fea, ni tenía un rasgo distintivo: era una muchacha como cualquier otra.

Pensé en que, quizá, la hubiera conocido en el supermercado o quizá pagando algún servicio en la oficina de gobierno en que trabajo. Quizá la habría saludado y tal vez hasta me habría dicho su nombre.

Claro que saldríamos. Iríamos por helados -de vainilla para ella, de menta para mi-, pasaríamos lentamente por las calles del Centro y, quién sabe, quizá quedaríamos una vez más.

En esa ocasión llevaría mi cámara -soy un poco miope y mi memoria es muy mala-, y le robaría un retrato mientras mira con desparpajo al cielo. Ella se enojaría un poco, luego menos, arrugaría un poco la nariz y se echaría a reír, quitándome la cámara de las manos.

Luego de un par de cafés y helados -de vainilla para la dama, menta para el caballero-, nos despediríamos antes de que perdiera el vuelo. Yo aprovecharía para imprimir su retrato y guardarlo secretamente entre los archiveros del trabajo.

Lejos de ella me sentaría, como cada mañana, a echar un ojo al periódico, otro al noticiero y uno más al café que hierve -cosa rara esta multiplicación de los ojos en la mañana-. Me sorprendería su foto en las noticias, junto con la de tanta gente que, sin consultarnos o desearlo, simplemente desaparece.

divendres, març 27

¿Qué se ha perdido en la sedosa indiferencia de la noche?
¿Una obvia moneda de plata, gotas de leche estelar,
El futuro que no veré?

¿Se han perdido las palabras
Que nombraban las cosas por su alma
Y no por lo que son,
Se han perdido las memorias
De todo aquello que éramos
Un poco perdidos, sin vernos?

¿Se ha perdido la conciencia
La necesidad de vivir
Los descubrimientos -los pequeños, los indispensables
Que necesitamos tan obviamente como respirar?

¿Qué se le ha perdido al cielo
Que en tus ojos mora
Que grita desde el fondo
Con una luz inconfundible?

¿Se le habrá perdido mi inspiración,
Su duelo,
La nostalgia sin la que sencillamente
Es imposible la tristeza?

¿Será solamente
Que ya no estás en él?

dijous, març 26

Deudores

Cuando, a pesar de estar despejado, comenzaba a llover, mi abuelita me decía que era porque los deudores ya habían saldado sus cuentas con Dios, y que era momento de alegrarse por ellos.

Como con muchas cosas que nos dicen en la infancia, pueden pasar dos cosas: o las olvidamos hasta que las necesitamos, o las necesitamos olvidar. En este caso yo me imaginaba a miles de personas en fila, vestidas de blanco, recibiendo la misma lluvia con nosotros, salpicados de alguna manera de gracia.

No hace falta decir que era un niño extraño. En esos momentos solía aferrarme a la mano d mi abuelita, que sonreía y se quedaba callada, viendo hacia cualquier lado, pensando. Supongo que ella recordaba a quien le había contado eso, que sentía nostalgia. Pero yo no sabia lo que era la nostalgia.

Alguna vez le pregunté que necesitaba hacer para que Dios me perdonara y lloviera, de la manera tan especial en que lo hacía en esos días. Ella se reía mucho, era muy alegre, y me decía que necesitaba pecar mucho y arrepentirme aún más, porque Él es muy bueno y muy sabio, y perdona a quien se arrepiente de corazón. Que yo no tenía oportunidad, porque era un niño bueno, incapaz de pensar en el mal.

Ayer, al salir del trabajo, empezó a caer una lluvia menuda, iluminada por el sol de la tarde. Aunque iba solo, pensando, sentí la mano de mi abuelita sosteniendo la mía, mirándome desde el cielo, perdonándome todo.

dimarts, març 24

Gonzalo

Cuando hace calor, Gonzalo se refugia en la sombra, como todo el mundo. Camina lentamente por debajo de un sol que derrite todo, como en un sueño de Dalí.

Y eso es importante porque, si en algo se especializa Gonzalo, es en soñar. Sus imágenes traspasan sus ojos, se vuelven árboles, arroyos, cosas que aún no tienen un nombre.

Cuando se cansa, Gonzalo busca un sillón, tan grande como mullido, y desde allí ve pasar el tiempo. ¿Se preguntará qué es el tiempo, estará hecho de algo que pueda beberse, comerse?

Tiene hambre. Lo hace saber y de la despensa vuelan dos palomas que le sirven, por la mañana salmón, por la tarde ternera. La vida es eso, jugar, correr un poco y mirar como el oro del sol lo inunda todo.

Sus ojos descienden al fondo del recipiente lleno de agua; ve su cara rubia, la de toda la vida, ¿y su hermano?, ¿qué será de él?

De pronto todo se vuelve un poco gris: la comida -salmón para la mañana y ternera para la tarde- se amarga un poco. Como sea, sabe dónde encontrarlo.

Remonta aguas arriba en el sueño, hecho de tanta memoria, que parece imposible que se necesite la vigilia para vivir. Se reconocen al instante, se siguen, se cuentan la vida. La Vida.

Cuando llega la noche, Gonzalo se prepara, como todos, para salir de cacería: la noche no conoce de propiedad, se dice, y salta con agilidad sobre una barda, sobre las tapias y los árboles. Encima de ellos domina la ciudad que duerme.

No comprende las luces que titilan, a lo lejos, como decenas de ojos insomnes; ¿quién podría necesitarlas si lo urgente ahora es el sigilo, el paso silencioso?

Los amores de los perros se ven, de los gatos se escuchan y de los hombres se saben, escuchó alguna vez. Tanta noche vivida le permite validar esa afirmación. El amor, la vida, el hermano perdido -¿dónde estará mi hermano, qué será de él?

Llega exhausto al alba, cinco minutos antes del desayuno -salmón, no falla-, y me mira con una sonrisa oculta. La noche ha sido especialmente difícil: un surco rojo le atraviesa la cara, pero pasará, como todo en esta vida.

Cuando termina de comer, sube al sillón y duerme. Y sueña porque, como cualquier otro gato, es lo que mejor sabe hacer.

Quizá nunca leas esto

Todos nos estamos yendo
Del sol, de los días
De las noches que parecen eternas
Si las cuentas con la vocación
Con la que nos miran las estrellas.

Nada permanece
Sólo la mirada, que se engaña
Que se aferra al pasado para definirse
Como algo vivo

Al final,
Este día quedará vacío,
Tibio de nuestra existencia breve
Inmóvil en un papel o un puñado de palabras
Que jamás tendrán un destinatario único

Tu cuerpo breve
Tus manos
Todo se borrará en la caricia tibia del olvido
Todo será ausencia plena
Un suspiro a medianoche
Un poema que jamás será leído

Todos nos estamos yendo
Sólo de nosotros quedan
Las nubes que superan nuestros ojos
La ausencia que filtra nuestro silencio

Todos nos vamos
Pero la memoria queda
Para hablarnos de cómo fuimos
De cómo deseábamos ser.

Sucede

Sucede que, de pronto,
el hombre se levanta
y mira a su lado
y mira al techo,
al espejo
y sabe que está sólo

Sucede entonces
que sale a la calle,
para ver si se encuentra
leyendo el periódico
tomando café
o escuchando los tristes graznidos
de las aves del mediodía.

Sucede que se busca
para saber si está vagando,
pero no se encuentra y se siente sólo.

Entonces entra
en un portal cualquiera
y pide agua, aire o ambrosía
para refrescar su memoria,
para confirmar su olvido.

Mira entonces en el agua,
en el rostro del señor que pasa
sin verle
sin advertirle por lo menos
que está solo.

Sucede entonces
que el hombre llora
y con su llanto
marca de gaviotas el atardecer,
que acumula palabras y cansancios,
y sucede que el hombre
cansado también
decide dejar de existir.

dilluns, març 23

Retratos

Como buen fotógrafo, uno de mis primeros ejercicios fue hacer retratos. No siempre lograba las mejores tomas, aunque algunas sí que me quedaron bastante divertidas, me gustaba esa sensación poderosa de poder detener el tiempo, de guardar la imagen de una persona en un momento específico.

Era relativamente sencillo convencer a las personas de hacerlo: todos tenemos la curiosidad de conocer cómo nos ven los otros, de qué forma aparecemos ante los demás. Incluso, en algunas sesiones de fotos, la idea era regresar a la infancia, jugar de nuevo.

Así logré algunas de las imágenes más memorables en mi corta carrera de retratista aficionado. Tuve las fotos de una guapa muchacha, de mirada melancólica; las manos de una artista e incluso algunas expresiones de sorpresa de una modelo... era realmente divertido.

Por ese entonces no comprendía que un retrato es más que una imagen: es mostrar al otro cómo lo vemos, de que manera podemos percibirlo y queremos recordarlo. Si una fotografía es un medio para apropiarse de la vida, un retrato es una forma de capturar el alma y hacerla propia.

Sería imposible que en esta transacción no perdiera algo el artista. En ese caso, pierde un poco de intimidad, la otra persona se da cuenta de lo que significa, de cómo es mirada y eso siempre es incómodo. También deja un poco de su alma impresa en el papel, por lo que todo retrato es un documento que nos trasciende.

Sucede que, además de fotógrafo, soy un gran cobarde. Cuando caí en esta cuenta, decidí dejar de hacer retratos. Ahora tomo paisajes, flores, piedras o animales. Sólo soy capaz de retratar a la gente que quiero cerca, no hoy ni mañana, sino para ese campo inexplorado que llamamos eternidad.

diumenge, març 22

Los apaches no hablan de amor

Para siempre es un territorio muy llano. Implica muchas noches, muchos días, tanta sed. Es una especie de desierto en el que de nada sirve entornar los ojos, porque de todas maneras existirá el mañana -y el después y luego, todo el terreno llano.

Puede ser que sus ocupaciones no se los permitieran: rastrear coyotes o esperar a la luz de la luna precisa, admirar el mundo conforme florece, son ocupaciones serias. Puede ser que el sentido que ellos tienen es más cercano a complementarse, a soñar juntos, pero los apaches no hablan de amor.

Varlebena es la palabra que usan cuando se comprometen con una mujer. Al menos eso dicen las películas y, como todo mundo sabe, el cine no miente porque recrea la vida misma. Varlebena significa para siempre.

Eso nos regresa al principio: ¿querría estar para siempre con alguien, con algo, conmigo? ¿Querría ser feliz en todo momento, escuchar, ver a través de otros ojos, complementarse? Creo que sí... y creo que no.

Varlebena sería la felicidad, y la felicidad no es una línea, es una serie de pequeños puntos que pasan tan rápidamente que creemos completa, pero que necesita no serlo para sentirla mejor. Para tener memoria y deseo, porque eso es lo radicalmente importante.

Varlebena es un lugar grande, amplio, infinito. Es bueno soñar con él... y habitarlo en intervalos.

Nombre propio

Aposté mi nombre en un volado. Perdí.

Lo curioso es que esto sucedió hace muchos años, quizá antes de que yo naciera. Por eso no me importa en realidad si me llaman de una u otra forma: cualquier nombre que me dén es bueno porque yo no tengo uno propio.

A decir verdad, me dieron la oportunidad de elegir uno cuando cumplí 10 años. Como no conozo las palabras, sólo atiné a buscar un lugar común.

Por sí misma, la palabra con la que me identifican no significa nada: es la conjunción aleatoria de cuatro historias viejas, que no han trascendido más que en el ámbito familiar -y a veces ni siquiera allí.

Escuché alguna vez que nombrar es delimitar, marcar, matar: sólo se posee lo que puedes nombrar, lo que puedes encerrar entre palabras.

Alguna vez lo hice con alguien, una mujer que es una ciudad; ella hizo de mí un país y un recuerdo. Pero prefiero seguir así, escapando de cualquier definición, siendo libre -aunque volátil y desconocido.

Este nombre no es mi nombre. No es falso ni verdadero, es el que los demás asignan a esto que soy, por eso no me aprisiona ni me define.

Perdí mi nombre en un volado legendario. Quién sabe, quizá no perdí nada.

dimecres, febrer 13

Reencuentros

Tenía tres años que no nos veíamos. Todo pasó lo suficientemente rápido: discutimos, me pelee con ella, nos distanciamos. Un año después, una llamada telefónica todavía ácida, llena de un rencor que se sentía demasiado fresco. El tiempo siguió su curso.

Dos años después -tiempo más o menos: en eso, como en otras cosas, no existe la perfección-, decidí buscarla en el único lugar que conozco: su casa. La noche había sido extraña: platiqué con una compañera de trabajo con la que no necesariamente me llevo bien, caminé un rato por las calles. Hacia buen tiempo y las luces, que no percibo bien sin mis gafas, pasaban con la apariencia de hadas extraviadas.

Por todo esto, por no dejar, por algo que no sé, decidí llamarla. El teléfono sonó un par de veces y, de repente, su voz surgió del otro lado: amena, tranquila, con el acento de toda la vida. Le propuse vernos, por curiosidad, para mostrar qué éramos ahora.

Una semana después pasó. A diferencia del tiempo antiguo, ella propuso el café, la hora, el día. Me conmueven ese tipo de cosas que ella hace: siempre cuenta historias sin necesidad de palabras, sólo hila una y otra imagen, anécdotas que hacen buenas historias.

Era como si el tiempo no hubiese pasado: ella era la misma muchacha de cabello teñido de rojo y mirada dorada, que me esperaba fumando y con alegría a las puertas del café. No la reconocí -no llevaba mis lentes y mi memoria empeora con los años-, y sólo acerté a quedarme quieto, mirándola.

- Pensabas que sería como en las películas, ¿cierto? - me dijo mientras sonreía.

Le hice el gesto de que se alejara un poco. Hace años, muchos, antes de que la conociera, fui un actor cómico, cabe decir que bueno, por lo que lo posterior fue relativamente natural: corrí hasta ella y la abracé, alzándola un poco. Ver tantas veces Casablanca tiene sus ventajas.

Entremos al café y todo fue bueno de nuevo. Nos sentamos, esperando que el otro hablara. La mirada fue suficiente, sabíamos que no habrían palabras para describir ese vagar por parajes solitarios, esos insomnios, esa angustia de despertar.

- Parece como si, todo este tiempo, hubiese estado dormida, sin sentir. Ahora estoy despierta -me dijo.

Yo temblaba, como la primera vez. Quería volver a escribir, a saber que ella lee todo esto y todo aquello que no logro atrapar. Yo temblaba.

Salimos del café y caminamos de regreso al metro. Reíamos con los planes de antes, con todas las cosas que fueron sólo sueños, divagues que nunca llegaron a ser realidades.

- Pensé que no nos volveríamos a ver nunca - me dijo.

Yo temía eso, como se teme a la muerte, pero me negaba a creerlo, como se niega la existencia del olvido. Teníamos que despedirnos.

- Ojalá que no pase tanto tiempo sin vernos - le dije, con esa sensación adolescente de desasosiego, de que eso era bastante más factible ahora.

- Eso no pasará, no podemos hacérnoslo. Nos seguiremos viendo - me dijo.

Ambos nos seguimos esperando. Esperando con la plena conciencia de que sólo volveremos para separarnos nuevamente.

dijous, gener 31

Anécdota

¿Eres tú la Muerte?

Esa fue su primera frase, antes de ofrecerme un trago del mezcal que bebía, con algo de desesperación, de una botella de plástico. Debo decir que la culpa fue mía: vestía totalmente de negro y no hice ruido mientras caminaba por la acera; no me pidió una moneda, como a los otros peatones, pero me invitó a compartir la banqueta y el que sería su último trago.

Sabía que vendrías, siempre lo supe, desde que nací.

Discurría entre memorias diversas. Al parecer, había sido una persona normal, como tantas: tenía un trabajo, una mujer, un hijo. Todo cambió de pronto: el hijo murió, la mujer se volvió loca de pena y él se dedicó a esperar a la Muerte, a mí.

Supongo que en un momento determinado, todos somos la Muerte, le dije, mientras sacaba un cigarro de mi gabardina.

Me lanzaba una mirada cansada y ansiosa, como si quisiera que adivinara las respuestas a las preguntas que se había formulado durante toda su vida: ¿por qué la vida es tan triste, tan gris?, ¿por qué la felicidad es tan breve y la memoria es tan larga?

¿Cómo es allá, hay flores, otras personas?, me preguntó.

Me hubiese gustado mentirle. Decirle que allá encontraría a su hijo que, a pesar de su suicidio, su mujer lo esperaría y ya no tendría hambre, ya no acunaría el vacío sobre sus brazos. Que él sería feliz.

Vacío, como la vida, le dije.

Creo que lloró. Su lamento hizo surcos en la mugre que cubría su rostro: al parecer su tez era clara, aunque enrojecida por el alcohol que había ingerido durante los meses en los que me había buscado, en los que lo único que deseaba era dormir.

Qué buena gente eres, yo siempre soñé con que fueras así, me dijo.

Le di un trago largó a su botella, ya casi se terminaba el mezcal y los ojos refulgían en los charcos sucios de la madrugada como soles de sueño, como la puerta del infierno. Era hora.

Debo irme. Debes renacer, le dije.

Le compré una botella de whisky y le dejé una cajetilla de cigarros. Le dije que su vida o su muerte dependía de él, que todo su tiempo estaba en el interior de esa botella, que se evaporaría como su contenido.

Volveremos a vernos, me dijo. Morir contigo es casi un sueño.

Y andando, erguido y elegante, totalmente vestido de negro, desapareció entre las calles de la madrugada.

dimarts, gener 22

Viaje

Andar es maravilloso. Viajar, cambiar de horizontes, ver cosas, palabras, personas distintas, tiene el regusto de un sueño, un poco de nostalgia que se trae y un mucho de curiosidad por un mundo recién hecho.

Me gusta viajar, y más porque casi siempre que lo he hecho, he vuelto a mi ciudad con una buena carga de historias e imágenes, a los que mi memoria infiel mitifica y hace vivir de una forma diferente.

En esta última ocasión tuve la oportunidad de conocer una ciudad con tres herencias -vasca, andaluza y castellana-, casas de cantera y muchos naranjos. Las naranjas me gustan mucho y creo, como el antiguó árabe, que son las manzanas del sol.

Esa ciudad tiene nombre de mujer y hoy también de un futuro deseable que ya escribiré. Por lo pronto, queda el sueño y lo que creo que viví; lo que halla sucedido en realidad carece de importancia.

dimarts, novembre 6

Eterno retorno

Hace algunos años comencé con este experimento. Tenía sus cosas, sus datos, sus momentos. Me creía poeta, pensaba en cambiar el mundo, soñaba.

El mundo no es así, aunque uno lo desee. Es duro, gris, oscuro; pero es el único que tenemos y toca vivirlo.

Hoy toca regresar. No sé si ahora seré más constante o si las cosas que escriba serán más relevantes. Probablemente no sean así. De cualquier forma, seré fiel a esa divisa pessoana que tanto me gusta: 'sienta quien lee'.

dilluns, juliol 6

Fe

Pocas cosas se necesitan de una forma tan desesperada que lo hacen a uno reflexionar acerca de todo, de las cosas que ha hecho o dicho, de lo que ha pensado. De cómo se ha enfrentado a la vida y de cómo se concibe ante ella.
Estoy en una de esas etapas que considero definitivas en mi vida. La mujer que yo quiero siento que está más cerca que nunca, pero también siento la incertidumbre de su partida. realmente no sé qué hacer, pues si no la escucho no vivo bien, pero tampoco quiero presionarla...
Todo está en la fe. En la confianza que pueda tener en ella, en la fe que ella pueda depositar en mí. Nos queremos en el mismo mundo, pero vivimos en planetas distintos. Por el momento, esperar es lo mejor.
Y tener fe de que mucha gente se está dejando el corazón para que, por primera vez, triunfe en esta nueva etapa de mi vida.

divendres, juny 5

Recordar

La vida es maravillosa. Siempre lo ha sido, sólo que algunas veces la realidad nos derrota tanto, los deseos se ven tan lejanos, que parece que nada vale la pena, que todo sale mal.

Por eso tener memoria es bueno. También lo es tener gente que te recuerde las cosas que has pasado, todo lo vivido para saber que puedes esperar siempre algo mejor.

El mundo está lleno de fantasmas

La gente corre a tomar el último metro, el último camión para llegar a casa. Llevan pan, leche, café y sueños para compartirlos con su familia, para quejarse de lo pesado del día, de la vida rutinaria y triste.

Se vacían las plazas de enamorados, de parejas que se separan sólo momentáneamente, pues en el sueño de cada quien permanecerán. El frío toma sus lugares, los conserva.

La gente ríe, duerme, piensa en el otro día. No mira hacia los lados, lleva la plena determinación de volver a su lugar, de buscar el consuelo del descanso para iniciar de nuevo su historia con el sol como compañía.

Los veo y recuerdo mi ya lejana medianoche entre los fantasmas. Las calles no quedan vacías, los portales se llenan de sombras, de penitentes eternos, de tristes figuras sin peto, sin adarga para defenderse de la noche que acecha.

El frío permanece.

Se buscan entre sí, cada desconocido es un amigo entre las sombras. Un amigo y un traidor, una posibilidad de olvido y también de encuentro, de cercanía momentánea. Un viejo ofrece dulces a dos niños que le miran, extrañados desde la nostalgia de navidades pasadas en julio, en septiembre.

El hambre es lo de menos. Una botella, un delirio, blasfemias. Nada tiene sentido pero todo significa. Es la noche eterna, ese territorio sólo explorado por los vencidos, por las ánimas que no buscan perdón para errores que no cometieron.

La noche, inquieta y terriblemente viva, se acomoda en los ojos que también esperan el amanecer. Rondan las plazas, los parques, buscando las sobras de felicidad que otros dejaron al huir a casa. Ellos no tienen casa.

El frío es el único testigo.

Dos miradas saben que esto terminará algún día. Que no puede durar por siempre. Que debe amanecer. Y amanece, y termina.

Ahora corren, sin prisa pero con ilusión, a sus casas. Uno con sus hijos, otro con su madre. Corren como toda la gente, con pan, leche, cansancio e ilusiones, a alcanzar el último metro. No olvidan, pero no se dejan vencer por el recuerdo.

El frío los mira y les sonríe con nostalgia.

dijous, juny 4

La 'chanson' vasca

No es un secreto que me gustan las cosas provenientes de Euskadi. Las siento como un vínculo con la historia de mis antepasados, pero además, las siento como el grito de lo antiguo, de aquel primer sentimiento que escoge un lenguaje indescifrable para hacerse entender.

En lo particular me gustan las canciones en vasco. Urko, Imanol, Patxi Andión -exacto, el de 'Si yo fuera mujer', una de sus peores canciones a mi gusto-, Mikel Laboa, Gorka Knörr, Ruper Ordorika y muchos más tienen un espacio destacado en mi tesoro acústico.

La nostalgia de los primeros marineros, la tortura de los tiempos del tío Paco, la denuncia, pero también la poesía de canciones como Triste bizi naiz eta o Zure tristura o Kalatxoriak -escrita por Bernardo Atxaga-, han transportado mi mente a nuevos horizontes, a pesar de mi poco conocimiento del euskera.

Y es que el sentimiento, ese pequeño traidor que nos acecha día a día, no sabe de idiomas ni ideales. Nace y ya, es y ya. Nace en el insomnio y se transporta en el aire, en el suelo que pisamos y que olvidamos.

Me gustan las canciones en vasco, y cuando tenga mi propia etxeak, estaréis todos invitados a compartir una rebanada de queso lunar, una copa de vino nocturno y un banquete de música indescifrable, como los designios del corazón.

dimecres, juny 3

Popularidad

No soy popular. Realmente nunca lo he sido y nunca me he preocupado por serlo, porque prefiero mi razonada soledad a las grandes concentraciones de gente, que ve, habla y siente que conoce a los demás, que sabe algo de sus vidas.

Nunca he comprendido la búsqueda de eso que llaman fama. No entiendo a la gente que dice tener decenas de amigos, que conserva los teléfonos de cuantas personas encuentra en la calle, que se junta para vivir cualquier cosa.

Soy un poco antisocial. O un mucho. Prefiero la comodidad de tener pocos amigos, a quienes veo de vez en cuando, con quienes platicó frente a una cerveza o una taza de café, y comparto algunas palabras. Con eso basta a mi corazón para sentirse acompañado.

En esta era de redes sociales, de comunicación inmediata, de privacidad cero, me siento un poco ajeno. Prefiero callar antes que contar mi historia, prefiero dejar miguitas de signos a la gente que quiera descifrarme, a quienes quieran acompañarme en este sendero.

La popularidad es el vino más amargo, estúpido y, sin embargo, más deseado en este tiempo hueco.

dimarts, juny 2

Quemar las naves, de nuevo

A veces es preciso quitarte las cosas que más amas en este mundo para poder apreciarlas mejor. Quitar un poco de deseo de tus ojos para contemplar la fría, móvil realidad.

Es bueno empezar de cero de vez en cuando. Rectificar lo que se hizo en la vida pasada, en los días, las noches, lo que hizo daño a los demás y, con ello, a uno mismo.

No renacer de las cenizas como siempre. Olvidarse de eso y dedicarse a vivir, a esperar que escampe, que el sol se rompa de una vez y hacer uno nuevo, con la cara nueva llena de tantas ilusiones como sea posible.

He decidido dejar de escribir. Dejar de escribir poesía, dejar que las cosas que tenía que decir las digan mis imágenes, mis sueños pintados con otras manos, con otros lenguajes.

Mi única lectora, mi única ilusión, quien dijo que este sería el día más triste lo comprende y no le entristece, aunque cree que no dejaré de hacerlo. Quizá para ella no, pero para los demás sí. Será mi voto para el futuro, será mi ausencia nueva, mi forma de quemar esas naves tan relacionadas con mi tristeza, mi desazón, mi impotencia para vivir como cualquier otra persona.

Mis pasos no tendrán, por ahora, más compañía que la de su sonido propio, sin más adjetivos. Lo necesito para respirar, para contemplar.

Quizás vuelva a levantar el ancla algún día, quizá me convenza que esto es transitorio. Por el momento el poeta descansa en el olvidado lecho que tengo por corazón, en el meritorio olvido; el poeta duerme el sueño paciente del guerrero.

dilluns, juny 1

Ir

Recuerdo la frase de un poema, 'en la vida todo es ir'. Ir del día a la noche, de un lado a otro, de otra memoria a una más. La única constante de la vida es el movimiento.

Vamos y, la mayor parte de las veces, no sabemos a dónde ni para qué. Y tal vez eso sea lo mejor, porque si supiéramos en que terminará la narración de nuestros días, ¿los viviríamos?, ¿tendría sentido luchar para llegar a eso?

La terrible maldición del hombre en tanto animal racional es que sabe que no será eterno. Que su camino tiene un termino, que su viaje concluirá. No sabe cuando, ni cómo, ni dónde, pero terminará al igual que todas las demás cosas.

Estamos ciegos y aún así no podemos detener nuestra marcha. Somos pesimistas y aún así podemos esperar lo mejor. Después de todo, siempre será mejor el lugar al que llegaremos, en tanto lleguemos con bien a él.

Carta abierta

Hemos visto los muelles. Hemos visto de frente el fin del camino. Tú, desde la amplitud de su soledad, desde su distancia incólume, desde su tristeza blanquecina y amada.

Yo desde mis ansias marítimas, desde mi barco quemado, desde mi delirio insomne y febril. Llegamos y lo sabes. Puntuales, como solamente los agentes del destino pueden serlo, amargos como solamente los que viven pueden serlo.

Sabes que soy yo quien hace algunos años se apareció en tu sueño, vestido de sal y delirio, de tristezas atemporales, de rosas frías y soles bermejos, fragantes como la eternidad tan sola, como la más solitaria ausencia.

Sé quien eres tú. Sé que te esperaba, sé que tu ausencia no podía ser eterna, sé que debía esperarte y que llegarías, puntual como es el destino con sus cosas.

Aún no amanece, pequeña, pero empieza a asomarse el sol de días inacabables en el horizonte de tus ojos. Esperaré, porque quien es eterno puede hacerlo, porque no puedo hacer otra cosa.

Esperaré a que me creas, esperaré a que tengas fe en tu sombra, en la poca luz de mis ojos. Y entonces, seremos uno solo, invisible, invencible... aliento marítimo y ausencia permanente.

divendres, abril 10

Walk the line

Siempre me pregunté que es esa cosa que todos buscan del amor. Por qué atrae tanto a la gente, por qué se le dedican canciones, cosas, cuál era ese secreto.


No puedo decir que he descubierto qué es eso. Pero sí puedo asegurar que, sin darme cuenta, me he enamorado. como nunca, como siempre. Y eso me recuerda el caso de Johnny Cash, quien fuera un gran cantante de country -acá ya pueden hacer sus conjeturas- y quien tuvo una vida tremenda, 'redimida' cuando encontró a June...

divendres, març 27

José Arrieta


Dos vistas de la calle José Arrieta en Santiago de Chile.
¿Quién es ese nombre que resplandece
en una calle anónima de Santiago?,
¿esa fila de casas en colores que reverberan
con la necia expresión de la angustia,
de la espera?
¿Fue un hombre
un pájaro, un barco
una piedra que estrelló la ventana de la realidad?

¿Fue un héroe de una guerra perdida de antemano,
Quijote cualquiera que recorrió ile
con Manuel Rodríguez;
fue un médico o un poeta
que convocaba a los astros
a las ausencias
para hacer volar palabras
en tibias lajas de piel ajena?
¿Quién es ese José Arrieta,
el que defendió Durango,
el que habló en el 59 en Donostia
de revolución socialista y libertad
para un pueblo legendario e inexistente
de forma oficial,
o el tipo que se arrancó un brazo
antes de confesar
que ya sabía lo que es amar a alguien?

¿Es acaso solo una calle perdida
sonámbula, colorida
a la espera de que alguien habite
una de sus múltiples historias?

¿Quién es José Arrieta
o qué fue
que perdura como presencia
pero vive siendo ausencia
en una mirada felina,
llena de fe?
Sombra acaso
ocaso tardío que le ilumina
proyecta tu voz que son voces
que son actos
y desvelo por cambiarte el nombre.

dimarts, març 24

Triste bizi naiz eta

Triste bizi naiz eta
hilko banintz hobe
badaukat bihotzean
hainbat atsekabe.
Maite bat maitatzen det
bainan haren jabe
sekulan izateko
itxaropen gabe.
Nire bihotz gaixoa
penatua dago
ezin egon liteke
ay penatu dago.
Pasatzen deturala
aspaldia nago
eguna triste eta
gaua triste dago.
Nere maitatuara
gustiz da mafina
bihotz soineko ata
ondo hitz egina.
Bentaja gustiakin
zeruak egina
mundua pasatzeko
lagunak egina.
Bihotz baten lekuan
mila banituzke,
zuretzako maitia
izango lirazke.
Baina milan lekuan
bat besterik ez det
har zazu ba maitia
bat hau mila bider.
Nere maite polita
nola zera bizi?
Zortzi egun hau
eta
netzaitut ikusi.
Uste det zabiltza
lanigandik igesiez dida
zu ematenatsekabe gutxi.

dilluns, març 23

Minuto neoyorquino

Nunca había pensado en la posibilidad de que todo lo que quiero, todos mis planes, o por lo menos la parte en este momento más importante de ellos, se desvaneciera en pocas horas. Y sin embargo, sucede.

Perdí casi todo por el silencio. Me pesa la palabra hora. Debería dormir.

Una o dos eternidades, solamente.

dijous, febrer 5

¿Por qué carajo me importaría tu opinión?

El título también podría ser 'El hombre sólo vive para sí'. La cosa es que uno se esfuerza siempre en saber que las cosas están bien para los demás -o al menos lo intenta, y siempre uno se muestra inconforme con los resultados.
El hombre, y en este caso el escritor, no vive de la opinión de los demás, pero sabe que la necesita con el afán de algo físico, como el aire o el agua. Y la verdad eso realmente no importa, por que si el artista es sincero, no quiere sino expresar lo que siente y eso no siempre es comunicar.
O no debería serlo. Hay palabras, imágenes que no pueden ser traducidas, racionalizadas y empaquetadas para el consumo público, y eso está bien, puesto que es la expresión de un individuo ante una situación propia y ya. Sin más drama.
La cosa acá es que siempre buscamos, o busco, la compañía. La crítica hace necesaria una comprensión del otro, de la actividad creativa -digo yo, con ojos de crítico. Pero si otro se planta frente a mí para explicar el significado de lo que yo hice, ¿debería creerle?
No, ni a mí mismo, como dijera Pessoa.

dilluns, gener 5

Miedo

El miedo tiene una cara. A veces sus facciones son tan cotidianas que no nos damos cuenta de que nos observa, oculto bajo la mirada constante de la realidad.

El miedo no persigue: no lo necesita. Bebe café mientras desenreda los días, aguardando su momento con el hacha bajo el brazo, con la conciencia intecta, con la seguridad de que llegará el momento de su aparición triunfal.

El miedo hechiza. Sube por las vértebras, mece los cabellos, llena de azules hielos el corazón que le mira con el frenesí de algo turbiamente amado. El miedo es constante, y eso siempre es una virtud.

El miedo se mete en la sopa, en el desayuno. En la plática distraída, en el beso, en el silencio. El miedo acecha como el hombre se acecha a sí mismo, como la vida se sigue a ella.

El miedo se presenta sin preámbulos, no usa disfraces: no los necesita. Pero el hombre sí necesita verle, hacerle frente, vencerle.

Porque, a final de cuentas, el hombre sólo tiene que vencer el miedo a morir para ser eterno.

dijous, gener 1

El futuro

El pasado es el único tiempo que nos pertenece, pues en él radica la memoria. Del presente, nada sino decidir, y del futuro nada sino esperar. El pasado se deforma según intereses e historias, según lo que queremos creer de la realidad.

El futuro es un tiempo de acero nebuloso, frío y engañoso. El futuro es la esperanza, que, como se sabe, fue el último de los males que abandonó la caja de Pandora. Lo anhelamos, como el caminante anhela alcanzar al sol, la luna que ilumina su camino eternamente vacío.
Nos llama la atención lo inasible. Aquello que no puede tener el hombre es lo que más desea -lo acepte o no. Por eso el futuro es el tiempo favorito de los planes y los proyectos que no pensamos realizar, de los románticos paisajes, del triunfo y la victoria.
El futuro es el tiempo de la poesía. Es el tiempo de la nada. Es el tiempo, simplemente.

dimarts, desembre 30

Obama

Cuando Barack Obama ganó la presidencia de los Estados Unidos, en mi cabeza convergieron una serie de ideas encontradas. Es cierto que es el primer mulato -que no afroamericano- que accede a la primera magistratura del país todavía más poderoso del mundo, que tiene unos orígenes modestos, que ha hecho una carrera importante en el senado de su país, que puede ser que tengamuy buenas intenciones.
Pero también salta a la vista que muchas de las cosas no dependen de él. Me explico. El sistema político estadounidense, a diferencia de muchos de los que padecemos en Latinoamérica, no es presidencialista, es decir, que las decisiones no recaen por entero en el presidente, sino en el senado y los órganos legislativos.
Por si fuera poco, también quedan los grupos de poder, las grandes empresas que dieron dinero no desinteresadamente a la campaña -una de las más caras de la historia. Todos son favores que se cobrarán, con intereses, durante los cuatro años de gestión del buen Barack al frenete de E.U.
También está eso que puede definirse como el 'complejo México' de la presidencia. Ese que elevó a los altares al indígena Juárez sólo por u condición étnica. Quien piense que Obama lo hará bien sólo por el hecho de que es de una etnia distinta que la que ha dominado ese país desde su fundación, está en un error grave. El corazón y la mente tienen el mismo color, aunque distintos sentimientos.
Y si a todo esto le sumamos la recesión gobal, los probemas de las empresas estadounidenses, el capitalismo desmoronándse...
Sé quien soy, y no me cambiaría por Obama en este momento.

dilluns, desembre 29

Probabilidad y posibilidad

Es posible que un rayo caiga cinco, seis, cien veces en el mismo lugar. Pero es poco probable. Así a veces es la vida, es una compleja suma de posibilidades que, uniendo azar y decisiones no menos azarosas, delimita al mundo que vemos.


A veces las posibilidades y las probabilidades se me confunden en la cabeza. Y espero con ansiedad, puesto que algunas cosas que deseo, como todo buen humano, son posibles, aunque poco probables.
¿Cómo se puede vencer al azar?, preguntaba Max Aub en uno de los poemas de su famoso Diario de Djelfa. No lo sé, quizá eso no sea posible. En todo caso lo que corresponde es contemplar y actuar en consecuencia, cruzando los dedos para que el azar dicte sentencia favorable, para que las cosas vayan hacia donde nuestros deseos están.
Y, si por ventura, las cosas se tornan en contra nuestra, abrir los ojos y las manos para luchar con más fervor, como siempre en la vida.

diumenge, desembre 28

Cántaro roto

Hay tantas cosas que, si se hubiesen pensado de una forma distinta, jamás hubiesen ocurrido. Innumerables decisiones, buenas o malas, repercuten no sólo en la vida cotidiana, sino en la manera en que se ve el futuro de uno y de las personas que lo rodean a uno.


El territorio del hubiera es tan amplio... Abarca de todo: sentimientos, palabras, imágenes, propósitos. Todo perfectamente irremediable, puesto que el pasado pasado es.


Un viejo adagio dice que no se debe llorar por el cántaro roto, sino por la vasija nueva. Creo que se aplica a la perfección a muchos aspectos de la vida. Los errores ya se cometieron como sea, los aciertos también. Lo que importa es el presente en el que el mañana va cobrando un significado distinto, luminoso.


Nada de lo que haga uno puede remediar el pasado. Hace poco tiempo lo he comprendido, y también he descubierto que vale más estar despierto para mirar el presente que soñar con un pasado diferente. Esta es la vida y éstas son las cartas con las que nos ha tocado jugar, así que depende de las decisiones venideras lo que se escribirá en la historia.


He roto muchos cántaros en mi vida. En este nuevo, único, verteré todo el vino nuevo de mi inspiración y pondré todo mi empeño para poder heredarlo a quien venga en el futuro.

dissabte, desembre 27

Inspiración

No siempre se encuentra lo que se busca. Uno amanece con una idea entre los labios, la trata con cuidado, intenta plasmarla en palabras o imágenes y, al final, no es lo que se pensaba. Es menos o más, nunca lo mismo.


Cuando decidí dedicar una parte de mi vida a la escritura, busqué como desesperado aquello a lo que llaman inspiración. Durante algún tiempo la tristeza fue una gran fuente, ya que la nostalgia era -es- un estado de ánimo muy común en mí. Después de algún tiempo sentí que me repetía a mí mismo, que tanta tristeza no podía ayudar a crear algo nuevo.


Leí, estudié mucho, admiré el trabajo de otras personas. Y la voz, ese sentimiento poderoso que buscaba las palabras idóneas para salir no regresaba. Los poemas, los cuentos, todo tenía un valor académico -y nada más.


Circunstancias diversas hicieron que incluso tomara la decisión de dejar de escribir, de experimentar con sonidos e imágenes, de alejarme del arte. De ser creador, comencé a convencerme que no estaría tan mal convertirme en espectador.


Incluso algunas de las circunstancias de mi labor cotidiana me fueron llevando hacia la crítica. Sinceramente, alguna parte de mí estaba empezando a diluirse entre palabras ajenas, y las cosas que antes sentía con suma fuerza se iban olvidando.


Pero la volví a ver. Platiqué con ella, e inmediatamente las palabras, las frases llenas de poesía, las oraciones brillantes acudieron a mi encuentro. Su imagen, sus silencios, su mirada es la fuente más poderosa de inspiración -por ahora.

divendres, desembre 26

Memoria

Me gusta la fotografía. Capturar imágenes para que éstas queden como una herencia visual para las personas que busquen en un futuro el mundo pasado es una idea que siempre me ha fascinado.


Además también está la cosa de poder reflejar las cosas como yo las veo. Los químicos en un laboratorio o mi caja de sastre digital pueden ayudarme a cambiar esa cierta parte visual de la realidad y acercarla a como la veo, a como la desearía.


Creo que eso es el arte. Personalizar la belleza natural de las cosas, la tristeza, los sentimientos, aplicándoles un poco del alma de cada quien. La interpretación que alguien totalmente extraño hace de ello completa el ciclo.


Y a todas estas razones se une la más importante: no tengo memoria. Las cosas, los sucesos, sólo los puedo recordar amparado en una imagen tomada tiempo atrás, que reinterpreto con detalles ocultos, no siempre exactos. Y es cuando veo a través de los ojos de ese instante que puedo revivir las cosas que he pasado, volver a abrazar a la gente que quiero.


Las fotografías muestran el camino que he recorrido hasta aquí, cerrando los ojos. Es hora de abrirlos.

dijous, desembre 4

Deberes

Tengo que recrear ciertas regiones perdidas de mi historia. Tengo que volver a caminar sobre mis pasos, a corregir incongruentcias de anécdotas que me ven con sorpresa, con extrañeza. Tengo que perder peso de culpas, tengo que ganarle libertad al viento.
Tengo que regresar a ver quién soy, quién me recuerda, quién me espera. Tengo que surgir de una historia ajena, ser el protagonista de un guión que no me pertenece, de una historia no carente de amor e ironía.
Tengo que reconocerme en el espejo de los días que se desvanecen entre mis dedos. Tengo que deber algo, que pagar algo, que soñar algo. Tengo que recordar de dónde vengo, aunque no sepa a dónde voy.
Tengo que volver a escribir. Tengo que volver a sentir. Tengo que temer estar en la compañía incorrecta, tengo que aprender a hacer fuego de la soledad.
Tengo que cerrar los ojos para verle. Tengo que empezar a creer. tengo que aprender a quererla y a esperarla. tengo que empezar a vivir.

dimecres, desembre 3

Casa

Es diícil extrañar lo que no se tiene, lo que se cree perdido. Es aún más difícil comprender qué se necesita para recuperarlo, para saber que se tiene, para redescubrirlo.

Apenas ayer -en la secuencia cronológica de esta bitácora- conocí el significado que tiene la palabra volver. Volver a mirar a los ojos a la inspiración, a quien comparte contigo algo más que la mesa. Retos y nuevos proyectos, la misma magia de siempre.
La comodidad de saber que estás en casa, que el camino que recorres no lo haces en solitario. Fue un cúmulo de sensaciones nuevas, mezcladas con la clásica tendencia a hacerlo todo poesía.
Supe que aún tengo casa. Supe que tengo un pedacito del alma de alguien que espera mis letras, supe que todo tiene un cierto sentido. Ahora sólo el tiempo dictará las últimas palabras de la nueva historia.
Porque la poesía es un puente que une almas, silencios e historias con un material inexplicablemente fuerte, con latidos únicos. Por que a esta historia le falta lo mejor, y durará muchos años. Por que hoy tengo la certidumbre de que no moriré solo, de que alguien me recuerda, e incluso me ve cuando yo no estoy, gracias L, infinitas gracias.

dimarts, desembre 2

El efecto diciembre

Desde hace algunos años, el mes de diciembre ha sido una especie de territorio aciago para mí. Las fiestas, los abrazos, los días y las noches de este mes se cubren de una nostalgia sucia, mala, que hace que todo cambie de lugar.
Toca con sus manos frías el lugar donde debería residir el corazón. No logro concentrarme en lo que hago, escucho levemento cómo se aferran los días al año que tiene como destino fatal el concluir.
Me distraen las voces que ignoro durante el resto del año. Sobre las calles se tienden cardos tristes, imágenes y espejos graves que veo disolverse en la niebla.
Espero impaciente las noches, la noche única y sola que es este mes.
Sin embargo, parece que en esta ocasión será distinto. Parece que al fin la vida muestra su cara amable, hermosa. Quién sabe, igual el efecto diciembre desaparezca ahora y para siempre.

dijous, novembre 20

Pastillas para no soñar

Supongo que será el título de una canción. De un tiempo para acá ya no se me ocurre nada bueno, supongo que deberé tomar más en serio la cuestión del lado crítico, y dejaré para quienes tengan inventiva esto de crear.

He estado soñando mucho. Esp es una novedad en mí, por que antiguamente sólo dormía, llegaba a casa, revisaba algnas cosas y caía rendido.

Ahora pasa más o menos lo mismo. Llego cansado del trabajo, ceno, veo el telediario y me recuesto en la cama. Pero en lugar de descansar y dormir como toda la gente, sueño cosas rarísimas, otras cosas que he deseado, o simplemente cosas.

Cuando despierto me encuentro tanto o más fatigado que cuando llegué a casa.

Hace pocos días le decía a una amiga que la gente mala tiene mal descanso. Así que o dejo de soñar o irremediablemente me volveré más malo que la leche de soya con sabor a mango, y eso sí que es malo.

dilluns, novembre 3

Anarquismo o barbarie

Vivimos una época histórica que, si no fuera por que es dramática, sería un maravilloso cuento para nuestros nietos. Estamos acudiendo a la lenta y dolorosa muerte del capitalismo, y de su peor deformación, el neoliberalismo.
Las grandes firmas dedicadas a la especulación de valores, los grandes bancos, e irónicamente, las grandes aseguradoras están cayendo como fulminadas por la mano invisible que según Adam Smith regula los mercados de forma natural. El imperio financiero estadounidense está cayéndose sin nadie que lo auxilie.
Las cosas no volverán a ser las mismas, dicen algunos analistas. Otros anuncian un tiempo oscuro, donde resurgirán los nacionalismos, escaldados por el fracaso de la globalización económica, que por las acciones de un grupo de ladrones puso en riesgo la seguridad mundial.
Otros más audaces auguran una época de oro de los movimientos de izquierda, de la socialdemocracia que tradicionalmente no es ni carne ni pescado, que reúne lo peor de la derecha con las tradiciones más rancias de la izquierda.
Creo sinceramente que las cosas no cambiarán demasiado. La gente del poder, la que realmente gobierna y posee este mundo, buscará reorganizar su estructura, como cuando las lombrices de tierra son cortadas por una azada. Las cosas serán peores, por que si antes el cetro lo ostentaban diez, ahora serán sólo cuatro quienes tiranizarán a los demás, con las consecuencias sociales, ambientales y políticas inminentes y desastrozas.
Por razones que hasta ahora desconozco, han caído en mis manos dos libros referentes al tema ue me han permitido ver en perspectiva este proceso. Uno de ellos es el viejo Manifiesto del Partido Comunista, que relata muy bien la actual situación de las familias, de los capitales globales, de la explotación del hombre por el hombre.
En particular me sorprendió la forma en que Marx y Engels describe las relaciones humanas en una época que, desde luego, ellos no vivieron, pero que será tema de otro post. El otro libro, Antes del fin de Ernesto Sábato, me permitió ver la índole humana de todo esto.
Sábato, izquierdista, algún tiempo comunista y -según creo yo- con alguna afinidad anarquista, también retrata las injusticias de su Argentina natal, que se extrapolan a todo el mundo. Y uno piensa, o al menos yo lo he hecho, si hay una respuesta a tanto desastre, si hay alguna manera de frenar todo este desenfreno.
Sé que no la hay. Que una enfermedad no puede buscar la cura que la alivie de sí misma, y que sólo Dios puede poner remedio a todo esto. Pero sería bonito, vamos, sería hasta práctico, soñar con que podríamos hacer algo. Y entonces recuerdo el anarquismo.
Seguro más de un lector ya estará pensando en jóvenes vestidos de negro, rompiendo cristales y haciendo pintas. Eso no es el anarquismo. De hecho, se parece más a la idea de gente conviviendo de común acuerdo, y trabajando para el bien de la comunidad de forma armónica sin la necesidad de que exista un gobierno que castigue o limite.
Una sociedad construída a partir del respeto del hombre a sí mismo, a su semejante y a la naturaleza, donde pueda crecer y multiplicarse de forma adecuada. Desde luego en libertad plena, acotada sólo por el sentido común y el respeto debido al semejante. Sería maravilloso que este estado de muerte del capitalismo derivara en esa calma anarquista, que como en novela de Saramago la gente guiada por una fuerza misteriosa dejara de ser egoísta para ayudar sin intereses a sus semejantes -y a sus no semejantes.
Esto, desde luego, es una utopía. Sólo Dios podría ordenar algo así, vencer la naturaleza humana que ha iniciado con esta degradación que, parece, no tendrá fin.

dimecres, octubre 29

Ver en perspectiva

Siempre he sido un poco miope. Me cuesta trabajo ver las cosas de lejos, a cierta distancia no reconozco los rostros, y sólo se me aparecen como siluetas humanas que avanzan de ningún lado y hacia ningún lado.
Tampoco es que me importe tanto. La verdad es que ya estoy tan acostumbrado a este problema, que se ha convertido en una característica muy mía. Poca gente me recuerda sin el ceño fruncido, como si estuviera deslumbrado por el sol o me costara trabajo apartar las sombras que nublan mi vista.
Por esta misma razón, me es casi imposible ver las cosas en perspectiva -porque no veo de lejos. Siempre que ocurre algo lo hago mío, poseo el problema y busco solucionarlo. Me desespero cuando no soy yo quien debe dar la solución, aunque la sepa, me irrita tener que depender de factores ajenos para resolver las cosas.
Es curioso pero para los problemas soy rabiosamente individualista. Me identifico mucho con ese tipo de gente que daba un paso al frente para evitar que más personas se secrificaran inútilmente. Pero no soy un héroe ni mucho menos. Lo que pasa es que no soporto ver las cosas sin intentarlas resolver, sin aportar algo, aunque sea mínimo, a su solución. O a su complicación, cosa que pasa con mayor frecuencia.
Alguien me dijo que el cuerpo y el tiempo son sabios. Durante algún tiempo, escuchaba con atención los problemas de mi familia, de mis amigos, y decía 'bueno, veamos qué podemos hacer'.
Porque, para mí, contar un problema es socializarlo, es pedir ayuda de una forma incosciente, sutil y -no siempre- elegante.
Hace relativamente poco tiempo sufrí de fuertes dolores de cabeza, mareos y ataques de alergia. Tenía los nervios desechos y no daba con qué era lo que podía estar afectando a un tipo cuyo mayor problema radica en no tener novia y no poder salir a tomar fotos siempre que quiera.
Una noche, mientras platicaba con mi mamá acerca de los pormenores de mi casa, me llegó una revelación: eran los problemas de los demás. Tenía apuntado en mi breviario inconsciente los problemas de mis amigos y algunas cosas familiares que yo no podía resolver, que acaso, podía analizar en perspectiva.
He intentado paulatinamente alejarme de los problemas de los demás, acercándome a los míos. Y, visto en perspectiva, nada es grave y todo tiene solución, claro que los toros desde la barrera son lindos, hace falta medirse los zapatos para saber cuánto aprietan. Pero que se calzen quienes piensen caminar: de momento, yo descansaré refrescando mi alma bajo la sombra de esta rarísima tranquilidad.

dimarts, octubre 28

Octubre

Tiene relevancia este mes de octubre, el décimo del año. Y tiene relevancia histórica y reciente, personal y del mundo que me rodea.

Por principio de cuentas habrá que pensar que de no existir octubre no estaría noviembre a la vuelta de la mano, con sus fiestas de muertos y todo eso tan bonito. Además, que habiendo pasado septiembre de fechas que se festejan en este país, y una conmemoración personal por el nacimiento de Lisboa, pues me tomarían gastados esos festejos tan especiales para mí.

Además, el primer día de este mes nació una compañera que estimo mucho, que aprecio y admiro. Y eso que en mi caso admirar a alguien no es cosa fácil porque, y lo digo con un poco de vergüenza, soy un egocéntrico.


Esta compañera destacó en el sur del Continente, -querido, venerado sur de América- y ahora está haciendo lo mismo acá en el norte, donde nos hace tanta falta gente así, sincera, con buena visión.


Es la mar de inteligente, además de agradable, buena compañera, ¡y de izquierdas! En fin, que es todo un estuche de monerías.

Un motivo más para celebrar que existe ella, y que desde luego exicste octubre.

dilluns, octubre 27

Sueños mojados: 1 Los salvadores de la Patria

Siempre he sentido un profundo desprecio por los traidores y los cobardes. Por la gente que, según su propia conveniencia, cambia de lugar, de posición y de ideas según le pegue el viento.
Deje, querido lector que acaso no esté enterado de cómo funciona esto en mi querido -a pesar de todo- país, que le explique qué era lo que significaba un emigrante -legal, pero preferiblemente ilegal- para el común de la gente.
A través de tres entregas me propondré exponer lo que pienso de esta gente que, viendo la crisis que empieza a nublar los cielos norteamericanos, huye como las cucarachas que son. Pero, como dijo el carnicero, vamos por partes
Durante muchos años, la gente y el gobierno -sí, el gobierno de una república [bananera]- veían como un logro, como el motor del desarrollo, la emigración a los Estados Unidos. Cientos de miles de personas pasaban ilegalmente con el pretexto del 'sueño americano', provocando, entre otras cosas, que el campo entrara en la decadencia que actualmente se encuentra.
A pesar de los efectos negativos que tuvo el hecho de que poblaciones enteras se convirtieran en pueblos fantasmas, o localidades sólo habitadas por mujeres o ancianos que por distintas razones no eran invitados a disfrutar de la nueva vida de los migrantes en la jauja americana, se los hacía ver como héroes, que gracias a sus remesas mantenían a los pusilánimes espíritus que nos manteníamos en este país.
Niños que apenas habían cumplido los 12 años, ya se alistaban para irse a la minita de oro. Si de por sí esta patria jamás se ha caracterizado por brindar educación a sus hijos, los migrantes por lo regular surgían de poblaciones tan pobres que ni siquiera conocían las escuelas. Vamos, como conocer no conocían ni el español en muchos de los casos.
Recuerdo incluso que el presidente de esta república [bananera], se mostraba orgulloso de que no importaba cuán altos fueran los muros que los Estados Unidos levantaran, siempre habría un mexicano que descubriera la forma de burlarlos.
El migrante mítico no era un apátrida que no se quedaba en su país a producir la riqueza que se compartiría con sus connacionales, no, era la fuerza humilde, casi franciscana, que sufría las vejaciones -que las habrá habido, sin duda- del gringo racista y explotador.
Incluso una tarde de hace muchos años escuché en la Embajada de Cuba en nuestro país, el disparate de un connacional que decía que a través de los inmigrantes ilegales esta nación estaba recuperando los territorios que le habían sido arrebatados hace cientos de años con ejércitos de analfabetas trabajando en labores 'que ni los negros harían', parafraseando lo dicho por un reciente ex presidente.
Así como en los Estados Unidos no hay una familia que no tenga un soldado, héroe de guerra, en este lugar de cartón piedra no había hogar que no tuviera la foto de un mojado que bien podría ser papá, tío, hermano, esposo o primo segundo. Salvo las familias de inmigrantes, que estamos en la ignominia porque desde que el abuelo decidió echar el ancla acá a ninguno de nosotros se nos ha ocurrido ir a buscar suerte en el norte.
Se les componían corridos, se les preparaban películas exaltando los riesgos que padecían en la búsqueda de un sueño. El suyo, desde luego, por que estoy seguro que estando estables en la Unión Americana ni siquiera se acordaban del país. De hecho hace relativamente poco tiempo aún se estrenaron dos películas -malísimas, chantajistas y melodramáticas- que cuentan las travesías de dos niños que buscan a sus familias perdidas durante su experiencia de espalda mojada: 'La Misma Luna' y 'El Viaje de Teo'.
Más allá de los juicios estéticos de estas obras, colaboraban en fomentar un aura de leyenda para aquella persona, cansada o no de la miseria, de buscar o no trabajo, de padecer o no hambre, de buscar oportunidades o no, de sufrir o no humillaciones, que decidió cambiar los aires de este país por los del norteño estado.
No quiero que mi lenguaje lo confunda, querido lector. Está claro que hay de gente a gente, y que mucha gente honesta y honrada hacía el viaje por que realmente no tenía alternativa -aunque no estoy tan seguro de ello: este país es tan maravilloso que de hambre no se muere nadie-, pero desde luego no hacía ningún sacrificio por nadie: era la respuesta a su situación particular.
Además, lo que critico es que un país haya patrocinado el cambiar de nación como método de progreso, en lugar de fabricar las oportunidades necesarias en su propio territorio, demostrando ser la madre irresponsable -Unamuno decía que se tiene 'Matria', no 'Patria'- que espera que sus hijos le roben la comida al vecino para no tener que trabajar.
Esto, juicios negativos más o menos, era el mojado que incursionaba en territorio comanche, llevando la guadalupana cruzada en el pecho, y todas las ganas de olvidar la villa miserable que le vio nacer y que le idolatraba, a pesar de todo.

dissabte, octubre 25

Mujeres (otro poema a Lisboa)

Hay mujeres que son como ciudades
como campos, como cielos
que iluminan con su mirada mùltiple
la solitaria oscuridad de la noche

Son como inspiraciones calladas
cartas no escritas
que viajan en la imagen
en el anhelo
en la nada

Hay mujeres que se precipitan
como lluvia en el yermo corazón
lejana primavera de otoño
y que hacen florecer la paz
la luz y la poesía

Nos miran indulgentes
desde ningún lado, desde la cima del mundo
nos arropan con la memoria de su voz
con la caricia ausente de su piel

Desaparecen con la aurora
con el regreso a la realidad,
se fragmentan, se diluyen
entre las lágrimas de quien vuelve
al lugar de su anhelo.

dimecres, octubre 22

Actualizaciones

Durante los días siguientes irán apareciendo paulatinamente entradas que, por falta de tiempo y a veces de inspiración -o viceversa- no había podido publicar en este espacio. Esperadlas!

dilluns, setembre 29

¿Qué haré cuando todo arde?

A veces quisiera sentir el coraje que sentía antes. Quisiera poder gritar, ser menos mesurado, tratar de carajear a gusto. Pero ya no puedo, no me sale. He dejado de ser violento, y ahora soy incapaz de otra reacción que no sea la de una risa socarrona, y algunas ironías finas pero hirientes.
No soy conciliador. No busco el perdón, pero últimamente tampoco tengo ganas de alegar, ni de rebatir. No sé qué está pasando ni hasta cuando pueda resistir mi carácter -de natural explosivo- la presión a la que lo someto.
Espero que cuando todo esto pase, que cuando esta jodida mala racha termine, tenga aún la cordura suficiente para tomar un lápiz, o reirme de este presente que mañana será pasado.

diumenge, setembre 28

Max Payne

Hay días en los que parece no salirte nada. Ni para bien ni para mal, pero comúnmente tienes ganas de emprenderla contra todo y contra todos. O de quedarte callado, encerrarte en tí, en ese rincón oscuro que todos tenemos.

Más o menos -mejor dicho más, porque la historia es más dramática-, es lo que le pasa al antihéroe que da título a este post. Un policía neoyorquino más corriente que común, ve cómo su vida salta en pedacitos en breves segundos, por lo cual debe darle un giro a todas sus actividades.
Ya sé que es un videojuego -por cierto muy bien hecho-, que se trata de una historia ficticia, pero también sé que el equilibrio en la vida es una cosa tan frágil que cualquier evento puede modificarla de una forma trascendental. Una palabra no dicha, una mirada, correr antes de tiempo, todo hace que cambie el libreto de la obra que cada quien representa y en la que los demás somos simples espectadores.
De repente nada vale, como en la historia de este héroe, apoyado por una guapa y escurridiza pistolera. Lo único que queda es sobrevivir por inercia, vagar por las calles oscuras, húmedas de las ciudades que suelen tener largos períodos de lluvias.
Y de repente ni siquiera eso tiene sentido, por que el movimiento implica vida y voluntad, y muchas veces de eso precisamente es de lo que se carece. Y es tan triste que no tiene siquiera una expresión poética que le valga.

divendres, setembre 26

22

Quisiera recordar que hacía cuando tenía 22 años. Esto fue hace no mucho -aunque sí suficiente-, hace cinco años. Creo no haber cambiado mucho, pero también pienso que ya nada me hermana con ese muchacho flaco que deambulaba -a veces- por los pasillos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales -aún el Alzheimer no hace sus efectos en esa parte de mi cerebro-, que se creía escritor y que no sabía muy bien hacia dónde iba.
Eran tiempos difíciles en la economía personal. Trabajaba en un lugar que no me gustaba, elaborando proyectos para una oficina de gobierno en la que no se me tenía mucho en cuenta. De cualquier forma, no me importaba, pues más abstraído estaba yo en querer ser -algún día-, un escritor o cantante decadente y anónimo.
Alguna de las cuatro cosas conseguí en estos cinco años. Como quiera, en aquel entonces todavía hacía cosas que, creo, debí seguir intentando. Ese fue el año del reconocimiento, de cuando a la poética realizada por mi hermano y por mí se comparó con la de los hermanos Machado y Luis Cernuda en uno de los templos del exilio republicano español, de cuando empecé a aficionarme a la fotografía.
También fue un año antes de la consecución de un proyecto ampliamente deseado por nosotros, de la grabación de una serie de documentales de buena calidad y poco reconocimiento, de empezar a crear cosas de forma digital.
Muchos amigos que entonces me acompañaban ahoran se han ido -en buena parte por mi culpa. Era más agresivo y misántropo que ahora, aunque puedo decir que sigo teniendo alergia a las grandes aglomeraciones de gente. Fue un año hasta cierto punto oscuro, que marcó la etapa más influenciada por la pérdida de identidad -o la mezcla de varias- que aún sigo arrastrando.
Y, como dice el dicho, antes del amanecer más oscura es la madrugada. Quién me iba a contar, o mejor dicho, quién le iba a contar a ese muchacho que encontraría, en el divagar de un documental que nunca terminó, a una muchacha pequeña, dulce y triste, que iba a modificar el rumbo de su barco.
Quién diría que gracias a ella volvería a escribir y a tener fé, que volvería de la oscuridad en la que se estaba hundiendo, esto sin saberlo ella. Quién me diría que hoy, a cinco años de eso y a cuatro años de conocerla, estaría agradeciendo la existencia de Lizbeth González, quien para bendición nuestra o mía, que es igual, sigue soñando en alguna parte de esta ciudad.

dijous, setembre 25

Sobre la lluvia

No es una constante que llueva en septiembre. Regresando en mis recuerdos, que son confusos y mínimos, las lluvias terminaban precisamente en este mes, con brisas tristes y frías, anunciando la época seca hasta del día de los Fieles Difuntos, el 2 de noviembre.

Pasando los muertos, todo huele a navidades, decía en aquel entonces. Pero ahora todo se ha combinado, las lluvias de agosto y julio parecen querer ocupar el lugar de septiembre y octubre, dos meses sin mayor chiste para mi existencia hasta hace relativamente poco tiempo. Aún más, el aire nostálgico y frío de noviembre y diciembre se ha recorrido, propiciando que me sienta triste como en navidades -pero ahora.

Es curioso como recordar hace que uno piense en el paso del tiempo. Que vea las calles, la ropa, la gente con una mirada que corresponde a ayer, hace unos meses, años, décadas. Y comprobar que el mundo no pasa, pasamos nosotros como gotas efímeras de una lluvia rabiosa y desesperada.

La memoria a veces pesa como un yugo, y otras veces libera. Y cuando uno cree haber olvidado todo, siempre hay una mirada, una sonrisa, un paso o una ausencia que nos regresa, que hace que vivamos de nuevo en ese tiempo que es la eternidad: el pasado.

Ni el pasado ni la lluvia tienen remedio. Hoy me conformo con la imagen que queda estancada en los pequeños espejos de agua de este septiembre líquido.

dilluns, setembre 15

Las risas rotas

Quizá sea por que todo cambia cuando uno menos lo espera, cuando las cosas giran más rápido que los latidos de un corazón más dotado para fungir como músculo que para sentir. O por que las cosas jamás se parecen a los planes, por que ningún marco puede reducir el futuro a una imagen que se guarda y con el paso del tiempo aparece como sol en una habitación destruida.

Quizá fue eso o simplemente que, por vez primera en mi vida, decidí dejar de pelear. No tenía sentido tocar una puerta que sabía mía, pero que múltiples errores míos ayudaron a cerrar, ahora al parecer para siempre. Suena en las oquedades de mi memoria su risa, sus silencios tan profundos como los ojos que me miran desde una foto vieja. Sé que ella también ve mi mirada cegada en las imágenes que conserva de mí.

Estallaron en cientos de cristales las anécdotas de años. La esperanza de mi sombra que permanece en el café se va diluyendo y queda solamente su solitaria silueta, viendo al frente como siempre.

Se necesitan dos cosas para andar, pies y corazón. Ambas, aunque viejas, están todavía en mí. Marcho de nuevo, sin rumbo pero con destino.

dilluns, setembre 8

Zapatu

Vivo en un país en el que la gente no mira los zapatos. No mira muchas cosas -ventanas, calles, coches-, pero sobre todo olvida mirar un poco hacia abajo, hacia el origen común de todos. Será que tantos años de dominación han hecho que la gente como acto reflejo no quiera bajar la mirada, será que es incómodo caminar así.
Y los zapatos, conformes con su destino protector, moran allí, entre el olvido y la nostalgia de aparadores remotos, donde antes moraron orgullosos, altivos, únicos en su tipo.
Nada revela tanto la personalidad de la persona, y a veces su vida, como su calzado. Esforzados, nobles, barrocos, sucios, desgastados, sin mácula. Viajan tanto que no se mueven nunca, que no dejan de ser -y parecer- vientos ajados.
Hace poco tomé atención en los zapatos de alguien a quien estimo. Estilizados pero nobles, indican que su alma late. No se lo comenté, pero sé que detrás de todo ese maremagnum textil seguramente se esconden dos pies bellos -la belleza, si existe, resalta como sol en el extrav{io de las tempestades-, como toda ella, como su alma, como su historia que desconozco.
Algún tiempo después también ella bajó su mirada. Iba contrariada, pero no quise molestarla más. No sé si observó mis zapatos, pero si lo hizo, seguramente encontró dos pies viejos, ajados, llenos de historia y polvo cuidadosamente guardado por años de camino.
Comúnmente uso botas de inspiración militar -que vale decir en mi país están prohibidas. Nadie lo sabe, a nadie le importa. Como todo en este país bendito que tiene la maldición de su ciudadanía.

Antes

Antes de saber
que siquiera existías
que tu sombra se proyectaba
por lugares soñados
ganados al insomnio secular
a las palabras llenas de silencio

Antes de llegar
de sentir tu piel con la mirada
con los ojos tristes que observan lejanías
que ven partir barcos
tierra adentro

Antes de todo
de la palabra
la canción
la imagen que azul habitas
por ensalmo de mi ceguera
antes del suspiro
que tímido trasciende paredes y versos
ya mi corazón
mi alma
estaba
esperándote

dimecres, setembre 3

Falsa alarma

Tenía que escribir algo. Sentí unas ganas irrefrenables de decir algo muy importante, una frase que trastocaría el sentido de mi vida, que obviamente sería algo inolvidable.

Pero se me olvidó y las ganas se fueron. Otra vez será.

dimarts, agost 19

*

Me voy despojando lentamente
de los ojos y las manos
de las voces que me dictan
que me nombran
recuerdo aislado de un pasado
que no deja de ser tentación futura

tengo otra voz
otros acentos que mostrara una sombra tan lejana como yo
tan cercana como el abrazo
que inesperado llega
que breve, sólo dura
una eternidad

dejo los labios como pago
a tanto aire brindado
constancias de sonido y tiempo
de bocas ansiosas por callar
de ojos que me miran con sorpresa
de la mujer que espero
que el destino me ha prometido

la noche dura todavía
yo permanezco
vivo -pero sólo mientras no recuerde

dijous, agost 14

De lo ridículo del egocentrismo

Podría iniciar este post de la misma manera que alguien empezó a hacer su declaración de retirada: 'Anoche se terminó una amistad de años', pero faltaría a la verdad. El 12 de agosto -al día de hoy, antier-, se dio cerrojazo final a una amistad que se había perdido algún tiempo atrás, hace como unos cuatro o cinco meses.

Yo no usaré eufemismos ni buscaré culpas. Sé que me porté mal con ella muchas veces, algunas de ellas, la mayoría, como reacción lógica ante las constantes agresiones. No soy débil ni mucho menos, pero tengo mis límites. Y es que hay gente que cree que la amistad lo perdona todo, pero hay cosas, hay palabras que jamás deben decirse ('si me das a elegir entre tú y 'x', ya sabes cuál es la respuesta').

Yo inicié la retirada hace algún tiempo, cuando me dí cuenta que el abrir los ojos no le sirvió para ver la luz, sino para refugiarse en las sombras de un tipo estúpido y timador, al que no le valen los estudios, pues saber no es ser una enciclopedia, sino tener la humildad para maravillarse a diario. La inicié por que no fue la persona a la que yo estimaba -y estimo- sinceramente, esa persona que pasaba los domingos conmigo en Nicolás Romero, con la que discutía, sí, pero siempre de una manera que yo creía cordial.

Supongo que esa soledad le hace apropiarse de las historias ajenas. Considera que hay un paralelismo entre una persona que yo amo realmente y con todo el corazón y ella. Falso. La quise como a una hermana, llegué a pelearme con amigos y familia por ella, pero como hermana. Nunca suscitó en mí el más mínimo interés de otra índole, aunque ella quiera creerlo. Y sé que lo cree.

No tengo ninguna razón para darle muestras fehacientes de existencia a alguien que, a más de serme extraña es indiferente. Duele por que supuse que sería leal hasta el último momento -según mis cuentas, nuestra amistad duró casi diez años-, que no se seguiría engañando. Mentí, es verdad, pero sólo quien sabe qué dolor carga es quien puede saber por que emplea las armas para defender espacios que cree suyos.

Ella cree que es el centro de mi universo, que alrededor de ella alguna vez giraron mis escritos, que cuando me refiero a que operarán de las manos a alguien que en este instante es el contorno de mi sombra me estoy refiriendo a ella. Error, ni siquiera sabía que a ella la habían operado, lo cual por otra parte me dió gusto por que hace mucho tiempo le recomendé que lo hiciera.

Es desgastante y absurda esta situación, lanzada por el egocentrismo de una persona valiosa, indudablemente, noble, desde luego, inteligente y capaz, pero lamentablemente solitaria. Es duro ver que la realidad sigue a pesar de tí, que alguien que considerabas eterno seguidor nunca fue eso, y me imagino que eso es lo que persiste en su mente.

No me importa. Ya no, es decir. Y sí, la consideré mi mejor amiga, y sí, la quería. También traté de avisarla de algunos errores que tuvo, y que pensó que le decía eso por celos o por maldad pura. Ahora ya no importa.

Algún día le enseñaré las manos de mi amada, tal vez hasta la invite a la boda en donde no habrá alguien con su cara, desde luego. Pero eso sólo Dios y el destino lo saben, mientras tanto me da lo mismo que piense que son cuentos o no. Esta es la verdad y punto.

Sé que vendrá buscando esta respuesta. Sé que lo leerá y sé también que contestará de alguna manera. No importa, yo le sigo deseando una vida bonita, lejos de problemas, por que aunque se quedó con una imagen antigua mía, yo también he cambiado. Y mucho. Ahora sé perdonar y le perdono todo lo que ha hecho y dicho también. Y le pido disculpas por todo lo que le he dicho y hecho, con o sin justificación alguna

A pesar de todo, para mí, aunque lejana, sigue siendo una amiga, quizá no la mejor, pero sí una gran persona.

dissabte, agost 2

Umm, el amor y el vino

Hace algún tiempo escuché lo que considero la canción de amor más hermosa que he conocido. Y yo no soy para nada romántico. Es de un cantautor euskaldún, de nombre Urko. Se llama Maite, maite, maiteia. Esta es la letra, y está, como no, en euskera:

Maite maite maitia
Zu zara nerea
Zu zara berria
Zu zara negarra
Zu zara irria

Maite maite maitia
Zu zara mailua
Zu zara aizkora
Zu zara egurra
Zu zara burnia

Hurbilduko banintzta
ikutuko ba zindut

Hemen, hemen zu ta ni bakarrik,
bakarrik munduan,
bakarrik maitasunean.
Maitasuna.
Zer da maitasuna?
Zer da maitatzea?
Zenbat irautzen du maitasuna?
Zu ta ni bakarrik maitasunean

Maite maite maitia...

Bainan,
Beti dago maitasunean,
bainan zerbait.
Jadanik ezin dezaket maita.
Hain laburra
zureganako maitasuna dagoeneko hillik da

Maite maite maitia...

(Traducción: Amor amor amor/ Eres mía/ Eres nueva/ Eres llanto/ Eres sonrisa// Amor amor amor/ Eres martillo/ Eres hacha/ Eres madera/ Eres hierro// Si me acercara/ y te tocara...// Aquí,/ aquí tú y yo solos,/ solos en el mundo,/ solos en el amor./ El amor./ ¿Qué es el amor?/ ¿Qué es amar?/ ¿Cuánto dura el amor?/ Tú y yo solos en el amor.// Amor amor amor...// Pero,/ en el amor siempre hay algún pero./ Ya no puedo amarte./ El amor es tan corto,/ que el mío hacia ti,/ ya ha muerto.// Amor amor amor...)

Ya está la traducción -llevo algo de prisa- sólo les debo el audio. Seguro que más de una persona de las dos que leen esta bitácora la encontrarán tan buena como yo. Eskerrik asko!

dijous, juliol 31

De Lisboa a Montevideo

Se agota el tiempo. El reloj da sus últimos latidos en una vieja caja que le sirve de excusa y sarcófago. La veo y me ve, la espero. Ella no me busca, pero deja semillas que, si yo quisiera, me harían encontrarla.
Supongo que debe ser así. Que debo saber esperar y ver, acechar como sombra, esperar. Saber que nada hay peor que la agonía de la espera, ni siquiera el desencanto. Saber que nada pasa hasta que le es asignado un tiempo, un latido.
Una cruz se ilumina en el sur. El viejo fado es ciego, pero certero. Me ha dicho que pasaré de Lisboa a Montevideo, que mi sangre regará otras latitudes. Seré, pero en otro sueño. Amaré, pero con otro pecho, con un nuevo corazón purificado en la blanca tristeza de este día.

dilluns, juliol 21

Anteojos

A pesar de todo, me gusta la vida. Me encanta apreciar los colores, las formas, la luz y las sombras mezcladas en signos sin sentido a los que cada uno les pone nombre y apellido. Historias condensadas en aquello que, de alguna manera, se percibe como personas.
Me encanta verlos escribirse, casi tanto como me gusta quedarme quieto, como una fotografía que intento descifrar de mí mismo.
Hace algunos años que me dijeron que debía utilizar anteojos -lentes o gafas- para corregir una miopía que padezco. No me gusta usarlos, por que es, según yo, hasta cierto punto colocar una barrera entre el mundo real y mi vista, entre mis ojos y la vida que merece ser sentida sin ninguna dulcificación.
Por esta razón no me había decidido a usarlos. Sentía que era, hasta cierto punto, negarme a vivir, hacer patente el miedo que me causa estar vivo. Que es hermoso para la literatura, pero es terrible para vivir.
Hace algunos meses empecé a refugiarme en ellos. Las cosas no son lo que me parecía, y eso es realmente triste. Ahora he empezado a ser como los demás, a reservarme un mucho para mí. Ahora que vivo, he comenzado a morir.