dilluns, setembre 15

Las risas rotas

Quizá sea por que todo cambia cuando uno menos lo espera, cuando las cosas giran más rápido que los latidos de un corazón más dotado para fungir como músculo que para sentir. O por que las cosas jamás se parecen a los planes, por que ningún marco puede reducir el futuro a una imagen que se guarda y con el paso del tiempo aparece como sol en una habitación destruida.

Quizá fue eso o simplemente que, por vez primera en mi vida, decidí dejar de pelear. No tenía sentido tocar una puerta que sabía mía, pero que múltiples errores míos ayudaron a cerrar, ahora al parecer para siempre. Suena en las oquedades de mi memoria su risa, sus silencios tan profundos como los ojos que me miran desde una foto vieja. Sé que ella también ve mi mirada cegada en las imágenes que conserva de mí.

Estallaron en cientos de cristales las anécdotas de años. La esperanza de mi sombra que permanece en el café se va diluyendo y queda solamente su solitaria silueta, viendo al frente como siempre.

Se necesitan dos cosas para andar, pies y corazón. Ambas, aunque viejas, están todavía en mí. Marcho de nuevo, sin rumbo pero con destino.

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