dijous, setembre 25

Sobre la lluvia

No es una constante que llueva en septiembre. Regresando en mis recuerdos, que son confusos y mínimos, las lluvias terminaban precisamente en este mes, con brisas tristes y frías, anunciando la época seca hasta del día de los Fieles Difuntos, el 2 de noviembre.

Pasando los muertos, todo huele a navidades, decía en aquel entonces. Pero ahora todo se ha combinado, las lluvias de agosto y julio parecen querer ocupar el lugar de septiembre y octubre, dos meses sin mayor chiste para mi existencia hasta hace relativamente poco tiempo. Aún más, el aire nostálgico y frío de noviembre y diciembre se ha recorrido, propiciando que me sienta triste como en navidades -pero ahora.

Es curioso como recordar hace que uno piense en el paso del tiempo. Que vea las calles, la ropa, la gente con una mirada que corresponde a ayer, hace unos meses, años, décadas. Y comprobar que el mundo no pasa, pasamos nosotros como gotas efímeras de una lluvia rabiosa y desesperada.

La memoria a veces pesa como un yugo, y otras veces libera. Y cuando uno cree haber olvidado todo, siempre hay una mirada, una sonrisa, un paso o una ausencia que nos regresa, que hace que vivamos de nuevo en ese tiempo que es la eternidad: el pasado.

Ni el pasado ni la lluvia tienen remedio. Hoy me conformo con la imagen que queda estancada en los pequeños espejos de agua de este septiembre líquido.

0 botellas al mar: