Anarquismo o barbarie
Vivimos una época histórica que, si no fuera por que es dramática, sería un maravilloso cuento para nuestros nietos. Estamos acudiendo a la lenta y dolorosa muerte del capitalismo, y de su peor deformación, el neoliberalismo.
Las grandes firmas dedicadas a la especulación de valores, los grandes bancos, e irónicamente, las grandes aseguradoras están cayendo como fulminadas por la mano invisible que según Adam Smith regula los mercados de forma natural. El imperio financiero estadounidense está cayéndose sin nadie que lo auxilie.
Las cosas no volverán a ser las mismas, dicen algunos analistas. Otros anuncian un tiempo oscuro, donde resurgirán los nacionalismos, escaldados por el fracaso de la globalización económica, que por las acciones de un grupo de ladrones puso en riesgo la seguridad mundial.
Otros más audaces auguran una época de oro de los movimientos de izquierda, de la socialdemocracia que tradicionalmente no es ni carne ni pescado, que reúne lo peor de la derecha con las tradiciones más rancias de la izquierda.
Creo sinceramente que las cosas no cambiarán demasiado. La gente del poder, la que realmente gobierna y posee este mundo, buscará reorganizar su estructura, como cuando las lombrices de tierra son cortadas por una azada. Las cosas serán peores, por que si antes el cetro lo ostentaban diez, ahora serán sólo cuatro quienes tiranizarán a los demás, con las consecuencias sociales, ambientales y políticas inminentes y desastrozas.
Por razones que hasta ahora desconozco, han caído en mis manos dos libros referentes al tema ue me han permitido ver en perspectiva este proceso. Uno de ellos es el viejo Manifiesto del Partido Comunista, que relata muy bien la actual situación de las familias, de los capitales globales, de la explotación del hombre por el hombre.
En particular me sorprendió la forma en que Marx y Engels describe las relaciones humanas en una época que, desde luego, ellos no vivieron, pero que será tema de otro post. El otro libro, Antes del fin de Ernesto Sábato, me permitió ver la índole humana de todo esto.
Sábato, izquierdista, algún tiempo comunista y -según creo yo- con alguna afinidad anarquista, también retrata las injusticias de su Argentina natal, que se extrapolan a todo el mundo. Y uno piensa, o al menos yo lo he hecho, si hay una respuesta a tanto desastre, si hay alguna manera de frenar todo este desenfreno.
Sé que no la hay. Que una enfermedad no puede buscar la cura que la alivie de sí misma, y que sólo Dios puede poner remedio a todo esto. Pero sería bonito, vamos, sería hasta práctico, soñar con que podríamos hacer algo. Y entonces recuerdo el anarquismo.
Seguro más de un lector ya estará pensando en jóvenes vestidos de negro, rompiendo cristales y haciendo pintas. Eso no es el anarquismo. De hecho, se parece más a la idea de gente conviviendo de común acuerdo, y trabajando para el bien de la comunidad de forma armónica sin la necesidad de que exista un gobierno que castigue o limite.
Una sociedad construída a partir del respeto del hombre a sí mismo, a su semejante y a la naturaleza, donde pueda crecer y multiplicarse de forma adecuada. Desde luego en libertad plena, acotada sólo por el sentido común y el respeto debido al semejante. Sería maravilloso que este estado de muerte del capitalismo derivara en esa calma anarquista, que como en novela de Saramago la gente guiada por una fuerza misteriosa dejara de ser egoísta para ayudar sin intereses a sus semejantes -y a sus no semejantes.
Esto, desde luego, es una utopía. Sólo Dios podría ordenar algo así, vencer la naturaleza humana que ha iniciado con esta degradación que, parece, no tendrá fin.



1 botellas al mar:
Gostei do blog.
Paulo
Portugal
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