dissabte, desembre 27

Inspiración

No siempre se encuentra lo que se busca. Uno amanece con una idea entre los labios, la trata con cuidado, intenta plasmarla en palabras o imágenes y, al final, no es lo que se pensaba. Es menos o más, nunca lo mismo.


Cuando decidí dedicar una parte de mi vida a la escritura, busqué como desesperado aquello a lo que llaman inspiración. Durante algún tiempo la tristeza fue una gran fuente, ya que la nostalgia era -es- un estado de ánimo muy común en mí. Después de algún tiempo sentí que me repetía a mí mismo, que tanta tristeza no podía ayudar a crear algo nuevo.


Leí, estudié mucho, admiré el trabajo de otras personas. Y la voz, ese sentimiento poderoso que buscaba las palabras idóneas para salir no regresaba. Los poemas, los cuentos, todo tenía un valor académico -y nada más.


Circunstancias diversas hicieron que incluso tomara la decisión de dejar de escribir, de experimentar con sonidos e imágenes, de alejarme del arte. De ser creador, comencé a convencerme que no estaría tan mal convertirme en espectador.


Incluso algunas de las circunstancias de mi labor cotidiana me fueron llevando hacia la crítica. Sinceramente, alguna parte de mí estaba empezando a diluirse entre palabras ajenas, y las cosas que antes sentía con suma fuerza se iban olvidando.


Pero la volví a ver. Platiqué con ella, e inmediatamente las palabras, las frases llenas de poesía, las oraciones brillantes acudieron a mi encuentro. Su imagen, sus silencios, su mirada es la fuente más poderosa de inspiración -por ahora.

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