Miedo
El miedo tiene una cara. A veces sus facciones son tan cotidianas que no nos damos cuenta de que nos observa, oculto bajo la mirada constante de la realidad.
El miedo no persigue: no lo necesita. Bebe café mientras desenreda los días, aguardando su momento con el hacha bajo el brazo, con la conciencia intecta, con la seguridad de que llegará el momento de su aparición triunfal.
El miedo hechiza. Sube por las vértebras, mece los cabellos, llena de azules hielos el corazón que le mira con el frenesí de algo turbiamente amado. El miedo es constante, y eso siempre es una virtud.
El miedo se mete en la sopa, en el desayuno. En la plática distraída, en el beso, en el silencio. El miedo acecha como el hombre se acecha a sí mismo, como la vida se sigue a ella.
El miedo se presenta sin preámbulos, no usa disfraces: no los necesita. Pero el hombre sí necesita verle, hacerle frente, vencerle.
Porque, a final de cuentas, el hombre sólo tiene que vencer el miedo a morir para ser eterno.



1 botellas al mar:
Dicen que el miedo nos hace sentir vivos... pero tal vez sea el miedo lo que nos impide vivir de verdad. Sea como sea, el miedo es la gran quimera de cada uno. Enorme post. Buen blog.
Un saludo.
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