ostirala

El mundo está lleno de fantasmas

La gente corre a tomar el último metro, el último camión para llegar a casa. Llevan pan, leche, café y sueños para compartirlos con su familia, para quejarse de lo pesado del día, de la vida rutinaria y triste.

Se vacían las plazas de enamorados, de parejas que se separan sólo momentáneamente, pues en el sueño de cada quien permanecerán. El frío toma sus lugares, los conserva.

La gente ríe, duerme, piensa en el otro día. No mira hacia los lados, lleva la plena determinación de volver a su lugar, de buscar el consuelo del descanso para iniciar de nuevo su historia con el sol como compañía.

Los veo y recuerdo mi ya lejana medianoche entre los fantasmas. Las calles no quedan vacías, los portales se llenan de sombras, de penitentes eternos, de tristes figuras sin peto, sin adarga para defenderse de la noche que acecha.

El frío permanece.

Se buscan entre sí, cada desconocido es un amigo entre las sombras. Un amigo y un traidor, una posibilidad de olvido y también de encuentro, de cercanía momentánea. Un viejo ofrece dulces a dos niños que le miran, extrañados desde la nostalgia de navidades pasadas en julio, en septiembre.

El hambre es lo de menos. Una botella, un delirio, blasfemias. Nada tiene sentido pero todo significa. Es la noche eterna, ese territorio sólo explorado por los vencidos, por las ánimas que no buscan perdón para errores que no cometieron.

La noche, inquieta y terriblemente viva, se acomoda en los ojos que también esperan el amanecer. Rondan las plazas, los parques, buscando las sobras de felicidad que otros dejaron al huir a casa. Ellos no tienen casa.

El frío es el único testigo.

Dos miradas saben que esto terminará algún día. Que no puede durar por siempre. Que debe amanecer. Y amanece, y termina.

Ahora corren, sin prisa pero con ilusión, a sus casas. Uno con sus hijos, otro con su madre. Corren como toda la gente, con pan, leche, cansancio e ilusiones, a alcanzar el último metro. No olvidan, pero no se dejan vencer por el recuerdo.

El frío los mira y les sonríe con nostalgia.
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