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El Cielo Sobre Berlín

Creí haber visto decenas de veces esta película, pero hasta hoy pude comprenderla. Será que, como todas las cosas, llega el momento adecuado para comprender, para sentir que lo que está en la pantalla es algo que nos habla, que nos habita más allá de la simple anécdota.

Desde la primera vez que vi la película, la atesoré entre mis favoritas. No sabía bien por qué, quizá es que la veía desde el lado superficial de la belleza -y es que, como a Damiel, todos nos sentimos atraídos por las cosas bellas.

Pero hay algo más: la sensación de saber que hay alguien que nos mira, nos escucha de forma anónima, comprensiva, atenta; saber que nunca estamos solos, que siempre existe algo pendiente del paso que damos, es algo que consuela y entusiasma.

Las reflexiones son profundas, los poemas que construyen esta cinta con apenas diálogos, son fundamentales para conocer, comprender el porqué los niños y los artistas podemos percibir ese más allá pleno, eterno, lleno de alegría.

Durante años observé la vida desde afuera, pues pensaba que para crear habría que aislarse de la gente, de las cosas comunes. Pensaba que la mejor forma de interpretar un sueño -toda la vida bajo el sol es sólo un sueño, se dice en algún momento-, era materializándolo, haciéndolo un objeto de estudio.

Pero no se puede desear el agua sin sentirla, el abrazo cálido sin alguien que lo espere, que lo vea. Los colores, la vida cotidiana, morder una manzana o un pan -y vivir sólo de ello, encontrar un ángel entre los miles de rostros de cada día... ¡Eso es la poesía!

Nunca estamos solos, los artistas, de alguna manera, somos ángeles caídos que sentimos con una mayor pasión el mundo, porque todo es nuevo y fascinante. Somos actores, como Colombo, trapecistas, como Marion, niños, como los que se preocupan por saber qué pasa cuando Damiel siente miedo de no encontrar lo que busca.

Por eso nos fascinan los colores vivos, por eso amamos los sabores, por eso esperamos el abrazo. Por eso veo cotidianamente al cielo, lo retrato con cautela, lo sueño: por eso vivimos anhelando, deseando como no lo puede hacer cualquier otra persona, porque es nuestro deber mostrar qué bello es el mundo y qué importante es disfrutarlo.

Sabía que esta película tenía algo qué decirme. Lo dijo hoy y soy feliz.
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