ostirala

El Año Pasado en Marienbad

Existe un lugar en el que el deseo y la memoria se unen, confundiéndose. Y si no existe, es seguro que alguien ha soñado en algún momento con encontrarlo.

La anécdota cobra un valor diferente cuando esta memoria del deseo tiene la forma de alguien que debe honrar su palabra, aunque esta resida en la memoria de alguien más.

Más o menos este es el conflicto que existe en esta obra maestra del poeta Alan Resnais, en la que todo se confunde en una historia que, en apariencia, carece de diálogo.

Como todo, hay historias que llegan en el momento adecuado, y esas son las mejores. ¿Hasta qué punto Él tiene razón, y cada una de las cosas, los lugares que narra, las acciones, pasaron en realidad?

Ella es la otra parte de la ecuación. No lo conoce, o eso parece, y todo lo que el dice no pasó en realidad. O quizá...

Ese es el mayor logro de esta película, ¿qué tanto nos pertenecen las memorias, cuánto son en realidad deudoras de los deseos, propios y ajenos, y que tan fieles son?

Todo es una ironía: Él lo recuerda todo, o eso parece, pero no sabe su nombre. Ella no tiene memoria de nada, pero desea saber su nombre, en todo momento, quiere conocerlo de algo más que su memoria.

¿No será así la vida, que quienes todo olvidamos queremos aferrarnos a un nombre amado, que nos diga algo, y quien todo recuerda reinventa la historia?

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