asteazkena

Casa

Abrir los ojos para verte, para verle. Analizar cada espacio, y en cada espacio encontrar un paso, una mirada, algo que cuente lo que fui.

Lo que fui, esa gran ficción. Recordamos por voces de otros, pertenecemos sin recordar. Nuestro nombre es una convención de la costumbre, todos nuestros pasos, mamá y papá.

Esa pareja extraña llena de sueños. Impresiones en papel amarillo, hecho de tiempo, que cuelga de una pared blanca en la que también colgará, eventualmente, la foto de la mujer que ame.

Y amar, ya se sabe, es subjetivo. Porque, por ejemplo, amo esta casa, aunque no haya vivido lo suficiente en ella, aunque muchos libros, películas, recuerdos, sigan esperando su turno en cajas que se agolpan, como los recuerdos.

Aquí sólo pasa mi familia. También alguien tan especial que quiera recordar, que quiera que permanezca entre las paredes difusas de mi memoria. Mi casa es una metáfora del tiempo y el corazón, y como tal la defiendo, contra todo, contra mí.

La luz va envolviéndolo todo; las cosas negras adquieren cierto fulgor dorado que hace flotar las flores que siguen sobre la mesa. No necesito más para sentirme vivo.

Argitaratu iruzkina