asteartea

Quemar las naves, de nuevo

A veces es preciso quitarte las cosas que más amas en este mundo para poder apreciarlas mejor. Quitar un poco de deseo de tus ojos para contemplar la fría, móvil realidad.

Es bueno empezar de cero de vez en cuando. Rectificar lo que se hizo en la vida pasada, en los días, las noches, lo que hizo daño a los demás y, con ello, a uno mismo.

No renacer de las cenizas como siempre. Olvidarse de eso y dedicarse a vivir, a esperar que escampe, que el sol se rompa de una vez y hacer uno nuevo, con la cara nueva llena de tantas ilusiones como sea posible.

He decidido dejar de escribir. Dejar de escribir poesía, dejar que las cosas que tenía que decir las digan mis imágenes, mis sueños pintados con otras manos, con otros lenguajes.

Mi única lectora, mi única ilusión, quien dijo que este sería el día más triste lo comprende y no le entristece, aunque cree que no dejaré de hacerlo. Quizá para ella no, pero para los demás sí. Será mi voto para el futuro, será mi ausencia nueva, mi forma de quemar esas naves tan relacionadas con mi tristeza, mi desazón, mi impotencia para vivir como cualquier otra persona.

Mis pasos no tendrán, por ahora, más compañía que la de su sonido propio, sin más adjetivos. Lo necesito para respirar, para contemplar.

Quizás vuelva a levantar el ancla algún día, quizá me convenza que esto es transitorio. Por el momento el poeta descansa en el olvidado lecho que tengo por corazón, en el meritorio olvido; el poeta duerme el sueño paciente del guerrero.

astelehena

Ir

Recuerdo la frase de un poema, 'en la vida todo es ir'. Ir del día a la noche, de un lado a otro, de otra memoria a una más. La única constante de la vida es el movimiento.

Vamos y, la mayor parte de las veces, no sabemos a dónde ni para qué. Y tal vez eso sea lo mejor, porque si supiéramos en que terminará la narración de nuestros días, ¿los viviríamos?, ¿tendría sentido luchar para llegar a eso?

La terrible maldición del hombre en tanto animal racional es que sabe que no será eterno. Que su camino tiene un termino, que su viaje concluirá. No sabe cuando, ni cómo, ni dónde, pero terminará al igual que todas las demás cosas.

Estamos ciegos y aún así no podemos detener nuestra marcha. Somos pesimistas y aún así podemos esperar lo mejor. Después de todo, siempre será mejor el lugar al que llegaremos, en tanto lleguemos con bien a él.

Carta abierta

Hemos visto los muelles. Hemos visto de frente el fin del camino. Tú, desde la amplitud de su soledad, desde su distancia incólume, desde su tristeza blanquecina y amada.

Yo desde mis ansias marítimas, desde mi barco quemado, desde mi delirio insomne y febril. Llegamos y lo sabes. Puntuales, como solamente los agentes del destino pueden serlo, amargos como solamente los que viven pueden serlo.

Sabes que soy yo quien hace algunos años se apareció en tu sueño, vestido de sal y delirio, de tristezas atemporales, de rosas frías y soles bermejos, fragantes como la eternidad tan sola, como la más solitaria ausencia.

Sé quien eres tú. Sé que te esperaba, sé que tu ausencia no podía ser eterna, sé que debía esperarte y que llegarías, puntual como es el destino con sus cosas.

Aún no amanece, pequeña, pero empieza a asomarse el sol de días inacabables en el horizonte de tus ojos. Esperaré, porque quien es eterno puede hacerlo, porque no puedo hacer otra cosa.

Esperaré a que me creas, esperaré a que tengas fe en tu sombra, en la poca luz de mis ojos. Y entonces, seremos uno solo, invisible, invencible... aliento marítimo y ausencia permanente.

ostirala

Walk the line

Siempre me pregunté que es esa cosa que todos buscan del amor. Por qué atrae tanto a la gente, por qué se le dedican canciones, cosas, cuál era ese secreto.


No puedo decir que he descubierto qué es eso. Pero sí puedo asegurar que, sin darme cuenta, me he enamorado. como nunca, como siempre. Y eso me recuerda el caso de Johnny Cash, quien fuera un gran cantante de country -acá ya pueden hacer sus conjeturas- y quien tuvo una vida tremenda, 'redimida' cuando encontró a June...

José Arrieta


Dos vistas de la calle José Arrieta en Santiago de Chile.
¿Quién es ese nombre que resplandece
en una calle anónima de Santiago?,
¿esa fila de casas en colores que reverberan
con la necia expresión de la angustia,
de la espera?
¿Fue un hombre
un pájaro, un barco
una piedra que estrelló la ventana de la realidad?

¿Fue un héroe de una guerra perdida de antemano,
Quijote cualquiera que recorrió ile
con Manuel Rodríguez;
fue un médico o un poeta
que convocaba a los astros
a las ausencias
para hacer volar palabras
en tibias lajas de piel ajena?
¿Quién es ese José Arrieta,
el que defendió Durango,
el que habló en el 59 en Donostia
de revolución socialista y libertad
para un pueblo legendario e inexistente
de forma oficial,
o el tipo que se arrancó un brazo
antes de confesar
que ya sabía lo que es amar a alguien?

¿Es acaso solo una calle perdida
sonámbula, colorida
a la espera de que alguien habite
una de sus múltiples historias?

¿Quién es José Arrieta
o qué fue
que perdura como presencia
pero vive siendo ausencia
en una mirada felina,
llena de fe?
Sombra acaso
ocaso tardío que le ilumina
proyecta tu voz que son voces
que son actos
y desvelo por cambiarte el nombre.

asteartea

Triste bizi naiz eta

Triste bizi naiz eta
hilko banintz hobe
badaukat bihotzean
hainbat atsekabe.
Maite bat maitatzen det
bainan haren jabe
sekulan izateko
itxaropen gabe.
Nire bihotz gaixoa
penatua dago
ezin egon liteke
ay penatu dago.
Pasatzen deturala
aspaldia nago
eguna triste eta
gaua triste dago.
Nere maitatuara
gustiz da mafina
bihotz soineko ata
ondo hitz egina.
Bentaja gustiakin
zeruak egina
mundua pasatzeko
lagunak egina.
Bihotz baten lekuan
mila banituzke,
zuretzako maitia
izango lirazke.
Baina milan lekuan
bat besterik ez det
har zazu ba maitia
bat hau mila bider.
Nere maite polita
nola zera bizi?
Zortzi egun hau
eta
netzaitut ikusi.
Uste det zabiltza
lanigandik igesiez dida
zu ematenatsekabe gutxi.

astelehena

Minuto neoyorquino

Nunca había pensado en la posibilidad de que todo lo que quiero, todos mis planes, o por lo menos la parte en este momento más importante de ellos, se desvaneciera en pocas horas. Y sin embargo, sucede.

Perdí casi todo por el silencio. Me pesa la palabra hora. Debería dormir.

Una o dos eternidades, solamente.

osteguna

¿Por qué carajo me importaría tu opinión?

El título también podría ser 'El hombre sólo vive para sí'. La cosa es que uno se esfuerza siempre en saber que las cosas están bien para los demás -o al menos lo intenta, y siempre uno se muestra inconforme con los resultados.
El hombre, y en este caso el escritor, no vive de la opinión de los demás, pero sabe que la necesita con el afán de algo físico, como el aire o el agua. Y la verdad eso realmente no importa, por que si el artista es sincero, no quiere sino expresar lo que siente y eso no siempre es comunicar.
O no debería serlo. Hay palabras, imágenes que no pueden ser traducidas, racionalizadas y empaquetadas para el consumo público, y eso está bien, puesto que es la expresión de un individuo ante una situación propia y ya. Sin más drama.
La cosa acá es que siempre buscamos, o busco, la compañía. La crítica hace necesaria una comprensión del otro, de la actividad creativa -digo yo, con ojos de crítico. Pero si otro se planta frente a mí para explicar el significado de lo que yo hice, ¿debería creerle?
No, ni a mí mismo, como dijera Pessoa.

astelehena

Miedo

El miedo tiene una cara. A veces sus facciones son tan cotidianas que no nos damos cuenta de que nos observa, oculto bajo la mirada constante de la realidad.

El miedo no persigue: no lo necesita. Bebe café mientras desenreda los días, aguardando su momento con el hacha bajo el brazo, con la conciencia intecta, con la seguridad de que llegará el momento de su aparición triunfal.

El miedo hechiza. Sube por las vértebras, mece los cabellos, llena de azules hielos el corazón que le mira con el frenesí de algo turbiamente amado. El miedo es constante, y eso siempre es una virtud.

El miedo se mete en la sopa, en el desayuno. En la plática distraída, en el beso, en el silencio. El miedo acecha como el hombre se acecha a sí mismo, como la vida se sigue a ella.

El miedo se presenta sin preámbulos, no usa disfraces: no los necesita. Pero el hombre sí necesita verle, hacerle frente, vencerle.

Porque, a final de cuentas, el hombre sólo tiene que vencer el miedo a morir para ser eterno.

osteguna

El futuro

El pasado es el único tiempo que nos pertenece, pues en él radica la memoria. Del presente, nada sino decidir, y del futuro nada sino esperar. El pasado se deforma según intereses e historias, según lo que queremos creer de la realidad.

El futuro es un tiempo de acero nebuloso, frío y engañoso. El futuro es la esperanza, que, como se sabe, fue el último de los males que abandonó la caja de Pandora. Lo anhelamos, como el caminante anhela alcanzar al sol, la luna que ilumina su camino eternamente vacío.
Nos llama la atención lo inasible. Aquello que no puede tener el hombre es lo que más desea -lo acepte o no. Por eso el futuro es el tiempo favorito de los planes y los proyectos que no pensamos realizar, de los románticos paisajes, del triunfo y la victoria.
El futuro es el tiempo de la poesía. Es el tiempo de la nada. Es el tiempo, simplemente.

asteartea

Obama

Cuando Barack Obama ganó la presidencia de los Estados Unidos, en mi cabeza convergieron una serie de ideas encontradas. Es cierto que es el primer mulato -que no afroamericano- que accede a la primera magistratura del país todavía más poderoso del mundo, que tiene unos orígenes modestos, que ha hecho una carrera importante en el senado de su país, que puede ser que tengamuy buenas intenciones.
Pero también salta a la vista que muchas de las cosas no dependen de él. Me explico. El sistema político estadounidense, a diferencia de muchos de los que padecemos en Latinoamérica, no es presidencialista, es decir, que las decisiones no recaen por entero en el presidente, sino en el senado y los órganos legislativos.
Por si fuera poco, también quedan los grupos de poder, las grandes empresas que dieron dinero no desinteresadamente a la campaña -una de las más caras de la historia. Todos son favores que se cobrarán, con intereses, durante los cuatro años de gestión del buen Barack al frenete de E.U.
También está eso que puede definirse como el 'complejo México' de la presidencia. Ese que elevó a los altares al indígena Juárez sólo por u condición étnica. Quien piense que Obama lo hará bien sólo por el hecho de que es de una etnia distinta que la que ha dominado ese país desde su fundación, está en un error grave. El corazón y la mente tienen el mismo color, aunque distintos sentimientos.
Y si a todo esto le sumamos la recesión gobal, los probemas de las empresas estadounidenses, el capitalismo desmoronándse...
Sé quien soy, y no me cambiaría por Obama en este momento.

astelehena

Probabilidad y posibilidad

Es posible que un rayo caiga cinco, seis, cien veces en el mismo lugar. Pero es poco probable. Así a veces es la vida, es una compleja suma de posibilidades que, uniendo azar y decisiones no menos azarosas, delimita al mundo que vemos.


A veces las posibilidades y las probabilidades se me confunden en la cabeza. Y espero con ansiedad, puesto que algunas cosas que deseo, como todo buen humano, son posibles, aunque poco probables.
¿Cómo se puede vencer al azar?, preguntaba Max Aub en uno de los poemas de su famoso Diario de Djelfa. No lo sé, quizá eso no sea posible. En todo caso lo que corresponde es contemplar y actuar en consecuencia, cruzando los dedos para que el azar dicte sentencia favorable, para que las cosas vayan hacia donde nuestros deseos están.
Y, si por ventura, las cosas se tornan en contra nuestra, abrir los ojos y las manos para luchar con más fervor, como siempre en la vida.

igandea

Cántaro roto

Hay tantas cosas que, si se hubiesen pensado de una forma distinta, jamás hubiesen ocurrido. Innumerables decisiones, buenas o malas, repercuten no sólo en la vida cotidiana, sino en la manera en que se ve el futuro de uno y de las personas que lo rodean a uno.


El territorio del hubiera es tan amplio... Abarca de todo: sentimientos, palabras, imágenes, propósitos. Todo perfectamente irremediable, puesto que el pasado pasado es.


Un viejo adagio dice que no se debe llorar por el cántaro roto, sino por la vasija nueva. Creo que se aplica a la perfección a muchos aspectos de la vida. Los errores ya se cometieron como sea, los aciertos también. Lo que importa es el presente en el que el mañana va cobrando un significado distinto, luminoso.


Nada de lo que haga uno puede remediar el pasado. Hace poco tiempo lo he comprendido, y también he descubierto que vale más estar despierto para mirar el presente que soñar con un pasado diferente. Esta es la vida y éstas son las cartas con las que nos ha tocado jugar, así que depende de las decisiones venideras lo que se escribirá en la historia.


He roto muchos cántaros en mi vida. En este nuevo, único, verteré todo el vino nuevo de mi inspiración y pondré todo mi empeño para poder heredarlo a quien venga en el futuro.

larunbata

Inspiración

No siempre se encuentra lo que se busca. Uno amanece con una idea entre los labios, la trata con cuidado, intenta plasmarla en palabras o imágenes y, al final, no es lo que se pensaba. Es menos o más, nunca lo mismo.


Cuando decidí dedicar una parte de mi vida a la escritura, busqué como desesperado aquello a lo que llaman inspiración. Durante algún tiempo la tristeza fue una gran fuente, ya que la nostalgia era -es- un estado de ánimo muy común en mí. Después de algún tiempo sentí que me repetía a mí mismo, que tanta tristeza no podía ayudar a crear algo nuevo.


Leí, estudié mucho, admiré el trabajo de otras personas. Y la voz, ese sentimiento poderoso que buscaba las palabras idóneas para salir no regresaba. Los poemas, los cuentos, todo tenía un valor académico -y nada más.


Circunstancias diversas hicieron que incluso tomara la decisión de dejar de escribir, de experimentar con sonidos e imágenes, de alejarme del arte. De ser creador, comencé a convencerme que no estaría tan mal convertirme en espectador.


Incluso algunas de las circunstancias de mi labor cotidiana me fueron llevando hacia la crítica. Sinceramente, alguna parte de mí estaba empezando a diluirse entre palabras ajenas, y las cosas que antes sentía con suma fuerza se iban olvidando.


Pero la volví a ver. Platiqué con ella, e inmediatamente las palabras, las frases llenas de poesía, las oraciones brillantes acudieron a mi encuentro. Su imagen, sus silencios, su mirada es la fuente más poderosa de inspiración -por ahora.

ostirala

Memoria

Me gusta la fotografía. Capturar imágenes para que éstas queden como una herencia visual para las personas que busquen en un futuro el mundo pasado es una idea que siempre me ha fascinado.


Además también está la cosa de poder reflejar las cosas como yo las veo. Los químicos en un laboratorio o mi caja de sastre digital pueden ayudarme a cambiar esa cierta parte visual de la realidad y acercarla a como la veo, a como la desearía.


Creo que eso es el arte. Personalizar la belleza natural de las cosas, la tristeza, los sentimientos, aplicándoles un poco del alma de cada quien. La interpretación que alguien totalmente extraño hace de ello completa el ciclo.


Y a todas estas razones se une la más importante: no tengo memoria. Las cosas, los sucesos, sólo los puedo recordar amparado en una imagen tomada tiempo atrás, que reinterpreto con detalles ocultos, no siempre exactos. Y es cuando veo a través de los ojos de ese instante que puedo revivir las cosas que he pasado, volver a abrazar a la gente que quiero.


Las fotografías muestran el camino que he recorrido hasta aquí, cerrando los ojos. Es hora de abrirlos.

osteguna

Deberes

Tengo que recrear ciertas regiones perdidas de mi historia. Tengo que volver a caminar sobre mis pasos, a corregir incongruentcias de anécdotas que me ven con sorpresa, con extrañeza. Tengo que perder peso de culpas, tengo que ganarle libertad al viento.
Tengo que regresar a ver quién soy, quién me recuerda, quién me espera. Tengo que surgir de una historia ajena, ser el protagonista de un guión que no me pertenece, de una historia no carente de amor e ironía.
Tengo que reconocerme en el espejo de los días que se desvanecen entre mis dedos. Tengo que deber algo, que pagar algo, que soñar algo. Tengo que recordar de dónde vengo, aunque no sepa a dónde voy.
Tengo que volver a escribir. Tengo que volver a sentir. Tengo que temer estar en la compañía incorrecta, tengo que aprender a hacer fuego de la soledad.
Tengo que cerrar los ojos para verle. Tengo que empezar a creer. tengo que aprender a quererla y a esperarla. tengo que empezar a vivir.

asteazkena

Casa

Es diícil extrañar lo que no se tiene, lo que se cree perdido. Es aún más difícil comprender qué se necesita para recuperarlo, para saber que se tiene, para redescubrirlo.

Apenas ayer -en la secuencia cronológica de esta bitácora- conocí el significado que tiene la palabra volver. Volver a mirar a los ojos a la inspiración, a quien comparte contigo algo más que la mesa. Retos y nuevos proyectos, la misma magia de siempre.
La comodidad de saber que estás en casa, que el camino que recorres no lo haces en solitario. Fue un cúmulo de sensaciones nuevas, mezcladas con la clásica tendencia a hacerlo todo poesía.
Supe que aún tengo casa. Supe que tengo un pedacito del alma de alguien que espera mis letras, supe que todo tiene un cierto sentido. Ahora sólo el tiempo dictará las últimas palabras de la nueva historia.
Porque la poesía es un puente que une almas, silencios e historias con un material inexplicablemente fuerte, con latidos únicos. Por que a esta historia le falta lo mejor, y durará muchos años. Por que hoy tengo la certidumbre de que no moriré solo, de que alguien me recuerda, e incluso me ve cuando yo no estoy, gracias L, infinitas gracias.

asteartea

El efecto diciembre

Desde hace algunos años, el mes de diciembre ha sido una especie de territorio aciago para mí. Las fiestas, los abrazos, los días y las noches de este mes se cubren de una nostalgia sucia, mala, que hace que todo cambie de lugar.
Toca con sus manos frías el lugar donde debería residir el corazón. No logro concentrarme en lo que hago, escucho levemento cómo se aferran los días al año que tiene como destino fatal el concluir.
Me distraen las voces que ignoro durante el resto del año. Sobre las calles se tienden cardos tristes, imágenes y espejos graves que veo disolverse en la niebla.
Espero impaciente las noches, la noche única y sola que es este mes.
Sin embargo, parece que en esta ocasión será distinto. Parece que al fin la vida muestra su cara amable, hermosa. Quién sabe, igual el efecto diciembre desaparezca ahora y para siempre.

osteguna

Pastillas para no soñar

Supongo que será el título de una canción. De un tiempo para acá ya no se me ocurre nada bueno, supongo que deberé tomar más en serio la cuestión del lado crítico, y dejaré para quienes tengan inventiva esto de crear.

He estado soñando mucho. Esp es una novedad en mí, por que antiguamente sólo dormía, llegaba a casa, revisaba algnas cosas y caía rendido.

Ahora pasa más o menos lo mismo. Llego cansado del trabajo, ceno, veo el telediario y me recuesto en la cama. Pero en lugar de descansar y dormir como toda la gente, sueño cosas rarísimas, otras cosas que he deseado, o simplemente cosas.

Cuando despierto me encuentro tanto o más fatigado que cuando llegué a casa.

Hace pocos días le decía a una amiga que la gente mala tiene mal descanso. Así que o dejo de soñar o irremediablemente me volveré más malo que la leche de soya con sabor a mango, y eso sí que es malo.

astelehena

Anarquismo o barbarie

Vivimos una época histórica que, si no fuera por que es dramática, sería un maravilloso cuento para nuestros nietos. Estamos acudiendo a la lenta y dolorosa muerte del capitalismo, y de su peor deformación, el neoliberalismo.
Las grandes firmas dedicadas a la especulación de valores, los grandes bancos, e irónicamente, las grandes aseguradoras están cayendo como fulminadas por la mano invisible que según Adam Smith regula los mercados de forma natural. El imperio financiero estadounidense está cayéndose sin nadie que lo auxilie.
Las cosas no volverán a ser las mismas, dicen algunos analistas. Otros anuncian un tiempo oscuro, donde resurgirán los nacionalismos, escaldados por el fracaso de la globalización económica, que por las acciones de un grupo de ladrones puso en riesgo la seguridad mundial.
Otros más audaces auguran una época de oro de los movimientos de izquierda, de la socialdemocracia que tradicionalmente no es ni carne ni pescado, que reúne lo peor de la derecha con las tradiciones más rancias de la izquierda.
Creo sinceramente que las cosas no cambiarán demasiado. La gente del poder, la que realmente gobierna y posee este mundo, buscará reorganizar su estructura, como cuando las lombrices de tierra son cortadas por una azada. Las cosas serán peores, por que si antes el cetro lo ostentaban diez, ahora serán sólo cuatro quienes tiranizarán a los demás, con las consecuencias sociales, ambientales y políticas inminentes y desastrozas.
Por razones que hasta ahora desconozco, han caído en mis manos dos libros referentes al tema ue me han permitido ver en perspectiva este proceso. Uno de ellos es el viejo Manifiesto del Partido Comunista, que relata muy bien la actual situación de las familias, de los capitales globales, de la explotación del hombre por el hombre.
En particular me sorprendió la forma en que Marx y Engels describe las relaciones humanas en una época que, desde luego, ellos no vivieron, pero que será tema de otro post. El otro libro, Antes del fin de Ernesto Sábato, me permitió ver la índole humana de todo esto.
Sábato, izquierdista, algún tiempo comunista y -según creo yo- con alguna afinidad anarquista, también retrata las injusticias de su Argentina natal, que se extrapolan a todo el mundo. Y uno piensa, o al menos yo lo he hecho, si hay una respuesta a tanto desastre, si hay alguna manera de frenar todo este desenfreno.
Sé que no la hay. Que una enfermedad no puede buscar la cura que la alivie de sí misma, y que sólo Dios puede poner remedio a todo esto. Pero sería bonito, vamos, sería hasta práctico, soñar con que podríamos hacer algo. Y entonces recuerdo el anarquismo.
Seguro más de un lector ya estará pensando en jóvenes vestidos de negro, rompiendo cristales y haciendo pintas. Eso no es el anarquismo. De hecho, se parece más a la idea de gente conviviendo de común acuerdo, y trabajando para el bien de la comunidad de forma armónica sin la necesidad de que exista un gobierno que castigue o limite.
Una sociedad construída a partir del respeto del hombre a sí mismo, a su semejante y a la naturaleza, donde pueda crecer y multiplicarse de forma adecuada. Desde luego en libertad plena, acotada sólo por el sentido común y el respeto debido al semejante. Sería maravilloso que este estado de muerte del capitalismo derivara en esa calma anarquista, que como en novela de Saramago la gente guiada por una fuerza misteriosa dejara de ser egoísta para ayudar sin intereses a sus semejantes -y a sus no semejantes.
Esto, desde luego, es una utopía. Sólo Dios podría ordenar algo así, vencer la naturaleza humana que ha iniciado con esta degradación que, parece, no tendrá fin.

larunbata

Razones para la poesía

Hace no mucho tiempo entré en una crisis que me llevó a reflexionar acerca del sentido que tiene la literatura en general, y la escritura en particular, para mí. 

Es una actividad que realizo cotidianamente desde hace poco más de doce años, de una u otra forma, y que me ha servido para distintos fines, desde el ascético fin de separarme del común de la gente, haciéndome extraño hasta para mí mismo, al de procurarme dinero para comer, vestirme y pagar una parte de mi educación secundaria.

Al margen de todo esto, hubo circunstancias particulares que me hicieron dudar acerca de la utilidad de la poesía. 

No es, como dijo Celaya, 'un arma cargada de futuro', ni sirve como pan, ni como arenga; es en todo caso un lujo innecesario sobre todo en este mundo que se nos está cayendo en pedacitos sin que la gran mayoría tengamos culpa de algo o podamos solucionarlo.

Soñar es un lujo en las actuales circunstancias. Hacer poesía es casi un sacrilegio. Y es inútil, por que no dice nada, por que no significa nada. Son sólo palabras.

Como pueden ver, casi tiraba la pluma, renunciando a una docena de años de intentos constantes de lograr la palabra perfecta, el cuento ideal, la poesía que retratara de forma fidedigna la belleza con que interpreto a la muchacha sin nombre del metro que, como a Joan Salvat-Papasseit, me enamora por que no me ve y no la conozco.

Pero la vida está confeccionada con pequeños milagros, y en mi caso así pasó. Cuando me alistaba para irme al trabajo, oculto en un libro de relatos de José Lezama Lima que por alguna razón no había acabado de leer, encontré una imagen antigua, que creía perdida.

Era una foto que le tomé a mi estimada Lisboa hace meses, durante ese maravilloso viaje que hice a Monterrey -a unos cuantos cientos de kilómetros de la ciudad en donde vivo- sólo por verla. 

Su mirada, contra lo que comúnmente pasa en los retratos, se proyecta cetrina exactamente a mis ojos. El viento mece ligeramente su cabello largo, teñido de rojo que combina con su natural tono castaño. Sonríe levemente, de hecho es un nacimiento de sonrisa que promete completarse, pero que precisamente por ser incompleta es más bella.

A pesar de las fallas técnicas de la foto -demasiado cielo, hay mucho espacio para ser una foto de busto, está algo desenfocada y la abertura del diafragma provocó un exceso de luz- es una imagen realmente bella. Al reverso, unas palabras escritas por ella, me recordaban que el día en que dejara de escribir sería el más triste de su vida.

¡Cuánto me hizo llorar y reir a la vez esa frase! En algún lugar, desde algún rincón de su memoria, ella espera que no deje de escribir. Entonces comprendí unas palabras que mi hermano me dedicó hace algunos años, acerca de la labor del poeta, que no consiste en ser escuchado, sino escucharse a sí mismo.

Tome mi pluma y retomé aire para seguir escribiendo. No podía defraudar ese compromiso que tengo con esa lectora, con esa persona que espera que siga intentando hacer algo realmente bueno.

Nadie sabe lo que viene en el futuro. Quizá mis letras mueran cuando yo desaparezca de la tierra, quizá ella conserve durante décadas mis escritos, quizá alguien decida publicarlos. 

No lo sé y por el momento no me interesa. Me interesa seguir creyendo que puedo soñar con que las cosas puedan ser diferentes. Que, aunque destile toda mi tristeza en mis páginas, puedo tener fe en que las cosas brillarán mañana.

Y, sobre todo, que mientras haya alguien, una sola persona, que crea en las letras, en mis letras, tendré motivos para la poesía, aunque no quite el hambre, aunque no haga la revolución, aunque cambie para siempre esta realidad.

asteazkena

Ver en perspectiva

Siempre he sido un poco miope. Me cuesta trabajo ver las cosas de lejos, a cierta distancia no reconozco los rostros, y sólo se me aparecen como siluetas humanas que avanzan de ningún lado y hacia ningún lado.
Tampoco es que me importe tanto. La verdad es que ya estoy tan acostumbrado a este problema, que se ha convertido en una característica muy mía. Poca gente me recuerda sin el ceño fruncido, como si estuviera deslumbrado por el sol o me costara trabajo apartar las sombras que nublan mi vista.
Por esta misma razón, me es casi imposible ver las cosas en perspectiva -porque no veo de lejos. Siempre que ocurre algo lo hago mío, poseo el problema y busco solucionarlo. Me desespero cuando no soy yo quien debe dar la solución, aunque la sepa, me irrita tener que depender de factores ajenos para resolver las cosas.
Es curioso pero para los problemas soy rabiosamente individualista. Me identifico mucho con ese tipo de gente que daba un paso al frente para evitar que más personas se secrificaran inútilmente. Pero no soy un héroe ni mucho menos. Lo que pasa es que no soporto ver las cosas sin intentarlas resolver, sin aportar algo, aunque sea mínimo, a su solución. O a su complicación, cosa que pasa con mayor frecuencia.
Alguien me dijo que el cuerpo y el tiempo son sabios. Durante algún tiempo, escuchaba con atención los problemas de mi familia, de mis amigos, y decía 'bueno, veamos qué podemos hacer'.
Porque, para mí, contar un problema es socializarlo, es pedir ayuda de una forma incosciente, sutil y -no siempre- elegante.
Hace relativamente poco tiempo sufrí de fuertes dolores de cabeza, mareos y ataques de alergia. Tenía los nervios desechos y no daba con qué era lo que podía estar afectando a un tipo cuyo mayor problema radica en no tener novia y no poder salir a tomar fotos siempre que quiera.
Una noche, mientras platicaba con mi mamá acerca de los pormenores de mi casa, me llegó una revelación: eran los problemas de los demás. Tenía apuntado en mi breviario inconsciente los problemas de mis amigos y algunas cosas familiares que yo no podía resolver, que acaso, podía analizar en perspectiva.
He intentado paulatinamente alejarme de los problemas de los demás, acercándome a los míos. Y, visto en perspectiva, nada es grave y todo tiene solución, claro que los toros desde la barrera son lindos, hace falta medirse los zapatos para saber cuánto aprietan. Pero que se calzen quienes piensen caminar: de momento, yo descansaré refrescando mi alma bajo la sombra de esta rarísima tranquilidad.

asteartea

Octubre

Tiene relevancia este mes de octubre, el décimo del año. Y tiene relevancia histórica y reciente, personal y del mundo que me rodea.

Por principio de cuentas habrá que pensar que de no existir octubre no estaría noviembre a la vuelta de la mano, con sus fiestas de muertos y todo eso tan bonito. Además, que habiendo pasado septiembre de fechas que se festejan en este país, y una conmemoración personal por el nacimiento de Lisboa, pues me tomarían gastados esos festejos tan especiales para mí.

Además, el primer día de este mes nació una compañera que estimo mucho, que aprecio y admiro. Y eso que en mi caso admirar a alguien no es cosa fácil porque, y lo digo con un poco de vergüenza, soy un egocéntrico.


Esta compañera destacó en el sur del Continente, -querido, venerado sur de América- y ahora está haciendo lo mismo acá en el norte, donde nos hace tanta falta gente así, sincera, con buena visión.


Es la mar de inteligente, además de agradable, buena compañera, ¡y de izquierdas! En fin, que es todo un estuche de monerías.

Un motivo más para celebrar que existe ella, y que desde luego exicste octubre.

astelehena

Sueños mojados: 1 Los salvadores de la Patria

Siempre he sentido un profundo desprecio por los traidores y los cobardes. Por la gente que, según su propia conveniencia, cambia de lugar, de posición y de ideas según le pegue el viento.
Deje, querido lector que acaso no esté enterado de cómo funciona esto en mi querido -a pesar de todo- país, que le explique qué era lo que significaba un emigrante -legal, pero preferiblemente ilegal- para el común de la gente.
A través de tres entregas me propondré exponer lo que pienso de esta gente que, viendo la crisis que empieza a nublar los cielos norteamericanos, huye como las cucarachas que son. Pero, como dijo el carnicero, vamos por partes
Durante muchos años, la gente y el gobierno -sí, el gobierno de una república [bananera]- veían como un logro, como el motor del desarrollo, la emigración a los Estados Unidos. Cientos de miles de personas pasaban ilegalmente con el pretexto del 'sueño americano', provocando, entre otras cosas, que el campo entrara en la decadencia que actualmente se encuentra.
A pesar de los efectos negativos que tuvo el hecho de que poblaciones enteras se convirtieran en pueblos fantasmas, o localidades sólo habitadas por mujeres o ancianos que por distintas razones no eran invitados a disfrutar de la nueva vida de los migrantes en la jauja americana, se los hacía ver como héroes, que gracias a sus remesas mantenían a los pusilánimes espíritus que nos manteníamos en este país.
Niños que apenas habían cumplido los 12 años, ya se alistaban para irse a la minita de oro. Si de por sí esta patria jamás se ha caracterizado por brindar educación a sus hijos, los migrantes por lo regular surgían de poblaciones tan pobres que ni siquiera conocían las escuelas. Vamos, como conocer no conocían ni el español en muchos de los casos.
Recuerdo incluso que el presidente de esta república [bananera], se mostraba orgulloso de que no importaba cuán altos fueran los muros que los Estados Unidos levantaran, siempre habría un mexicano que descubriera la forma de burlarlos.
El migrante mítico no era un apátrida que no se quedaba en su país a producir la riqueza que se compartiría con sus connacionales, no, era la fuerza humilde, casi franciscana, que sufría las vejaciones -que las habrá habido, sin duda- del gringo racista y explotador.
Incluso una tarde de hace muchos años escuché en la Embajada de Cuba en nuestro país, el disparate de un connacional que decía que a través de los inmigrantes ilegales esta nación estaba recuperando los territorios que le habían sido arrebatados hace cientos de años con ejércitos de analfabetas trabajando en labores 'que ni los negros harían', parafraseando lo dicho por un reciente ex presidente.
Así como en los Estados Unidos no hay una familia que no tenga un soldado, héroe de guerra, en este lugar de cartón piedra no había hogar que no tuviera la foto de un mojado que bien podría ser papá, tío, hermano, esposo o primo segundo. Salvo las familias de inmigrantes, que estamos en la ignominia porque desde que el abuelo decidió echar el ancla acá a ninguno de nosotros se nos ha ocurrido ir a buscar suerte en el norte.
Se les componían corridos, se les preparaban películas exaltando los riesgos que padecían en la búsqueda de un sueño. El suyo, desde luego, por que estoy seguro que estando estables en la Unión Americana ni siquiera se acordaban del país. De hecho hace relativamente poco tiempo aún se estrenaron dos películas -malísimas, chantajistas y melodramáticas- que cuentan las travesías de dos niños que buscan a sus familias perdidas durante su experiencia de espalda mojada: 'La Misma Luna' y 'El Viaje de Teo'.
Más allá de los juicios estéticos de estas obras, colaboraban en fomentar un aura de leyenda para aquella persona, cansada o no de la miseria, de buscar o no trabajo, de padecer o no hambre, de buscar oportunidades o no, de sufrir o no humillaciones, que decidió cambiar los aires de este país por los del norteño estado.
No quiero que mi lenguaje lo confunda, querido lector. Está claro que hay de gente a gente, y que mucha gente honesta y honrada hacía el viaje por que realmente no tenía alternativa -aunque no estoy tan seguro de ello: este país es tan maravilloso que de hambre no se muere nadie-, pero desde luego no hacía ningún sacrificio por nadie: era la respuesta a su situación particular.
Además, lo que critico es que un país haya patrocinado el cambiar de nación como método de progreso, en lugar de fabricar las oportunidades necesarias en su propio territorio, demostrando ser la madre irresponsable -Unamuno decía que se tiene 'Matria', no 'Patria'- que espera que sus hijos le roben la comida al vecino para no tener que trabajar.
Esto, juicios negativos más o menos, era el mojado que incursionaba en territorio comanche, llevando la guadalupana cruzada en el pecho, y todas las ganas de olvidar la villa miserable que le vio nacer y que le idolatraba, a pesar de todo.

asteazkena

Actualizaciones

Durante los días siguientes irán apareciendo paulatinamente entradas que, por falta de tiempo y a veces de inspiración -o viceversa- no había podido publicar en este espacio. Esperadlas!

astelehena

¿Qué haré cuando todo arde?

A veces quisiera sentir el coraje que sentía antes. Quisiera poder gritar, ser menos mesurado, tratar de carajear a gusto. Pero ya no puedo, no me sale. He dejado de ser violento, y ahora soy incapaz de otra reacción que no sea la de una risa socarrona, y algunas ironías finas pero hirientes.
No soy conciliador. No busco el perdón, pero últimamente tampoco tengo ganas de alegar, ni de rebatir. No sé qué está pasando ni hasta cuando pueda resistir mi carácter -de natural explosivo- la presión a la que lo someto.
Espero que cuando todo esto pase, que cuando esta jodida mala racha termine, tenga aún la cordura suficiente para tomar un lápiz, o reirme de este presente que mañana será pasado.

ostirala

22

Quisiera recordar que hacía cuando tenía 22 años. Esto fue hace no mucho -aunque sí suficiente-, hace cinco años. Creo no haber cambiado mucho, pero también pienso que ya nada me hermana con ese muchacho flaco que deambulaba -a veces- por los pasillos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales -aún el Alzheimer no hace sus efectos en esa parte de mi cerebro-, que se creía escritor y que no sabía muy bien hacia dónde iba.
Eran tiempos difíciles en la economía personal. Trabajaba en un lugar que no me gustaba, elaborando proyectos para una oficina de gobierno en la que no se me tenía mucho en cuenta. De cualquier forma, no me importaba, pues más abstraído estaba yo en querer ser -algún día-, un escritor o cantante decadente y anónimo.
Alguna de las cuatro cosas conseguí en estos cinco años. Como quiera, en aquel entonces todavía hacía cosas que, creo, debí seguir intentando. Ese fue el año del reconocimiento, de cuando a la poética realizada por mi hermano y por mí se comparó con la de los hermanos Machado y Luis Cernuda en uno de los templos del exilio republicano español, de cuando empecé a aficionarme a la fotografía.
También fue un año antes de la consecución de un proyecto ampliamente deseado por nosotros, de la grabación de una serie de documentales de buena calidad y poco reconocimiento, de empezar a crear cosas de forma digital.
Muchos amigos que entonces me acompañaban ahoran se han ido -en buena parte por mi culpa. Era más agresivo y misántropo que ahora, aunque puedo decir que sigo teniendo alergia a las grandes aglomeraciones de gente. Fue un año hasta cierto punto oscuro, que marcó la etapa más influenciada por la pérdida de identidad -o la mezcla de varias- que aún sigo arrastrando.
Y, como dice el dicho, antes del amanecer más oscura es la madrugada. Quién me iba a contar, o mejor dicho, quién le iba a contar a ese muchacho que encontraría, en el divagar de un documental que nunca terminó, a una muchacha pequeña, dulce y triste, que iba a modificar el rumbo de su barco.
Quién diría que gracias a ella volvería a escribir y a tener fé, que volvería de la oscuridad en la que se estaba hundiendo, esto sin saberlo ella. Quién me diría que hoy, a cinco años de eso y a cuatro años de conocerla, estaría agradeciendo la existencia de Lizbeth González, quien para bendición nuestra o mía, que es igual, sigue soñando en alguna parte de esta ciudad.

osteguna

Sobre la lluvia

No es una constante que llueva en septiembre. Regresando en mis recuerdos, que son confusos y mínimos, las lluvias terminaban precisamente en este mes, con brisas tristes y frías, anunciando la época seca hasta del día de los Fieles Difuntos, el 2 de noviembre.

Pasando los muertos, todo huele a navidades, decía en aquel entonces. Pero ahora todo se ha combinado, las lluvias de agosto y julio parecen querer ocupar el lugar de septiembre y octubre, dos meses sin mayor chiste para mi existencia hasta hace relativamente poco tiempo. Aún más, el aire nostálgico y frío de noviembre y diciembre se ha recorrido, propiciando que me sienta triste como en navidades -pero ahora.

Es curioso como recordar hace que uno piense en el paso del tiempo. Que vea las calles, la ropa, la gente con una mirada que corresponde a ayer, hace unos meses, años, décadas. Y comprobar que el mundo no pasa, pasamos nosotros como gotas efímeras de una lluvia rabiosa y desesperada.

La memoria a veces pesa como un yugo, y otras veces libera. Y cuando uno cree haber olvidado todo, siempre hay una mirada, una sonrisa, un paso o una ausencia que nos regresa, que hace que vivamos de nuevo en ese tiempo que es la eternidad: el pasado.

Ni el pasado ni la lluvia tienen remedio. Hoy me conformo con la imagen que queda estancada en los pequeños espejos de agua de este septiembre líquido.

astelehena

Las risas rotas

Quizá sea por que todo cambia cuando uno menos lo espera, cuando las cosas giran más rápido que los latidos de un corazón más dotado para fungir como músculo que para sentir. O por que las cosas jamás se parecen a los planes, por que ningún marco puede reducir el futuro a una imagen que se guarda y con el paso del tiempo aparece como sol en una habitación destruida.

Quizá fue eso o simplemente que, por vez primera en mi vida, decidí dejar de pelear. No tenía sentido tocar una puerta que sabía mía, pero que múltiples errores míos ayudaron a cerrar, ahora al parecer para siempre. Suena en las oquedades de mi memoria su risa, sus silencios tan profundos como los ojos que me miran desde una foto vieja. Sé que ella también ve mi mirada cegada en las imágenes que conserva de mí.

Estallaron en cientos de cristales las anécdotas de años. La esperanza de mi sombra que permanece en el café se va diluyendo y queda solamente su solitaria silueta, viendo al frente como siempre.

Se necesitan dos cosas para andar, pies y corazón. Ambas, aunque viejas, están todavía en mí. Marcho de nuevo, sin rumbo pero con destino.

Zapatu

Vivo en un país en el que la gente no mira los zapatos. No mira muchas cosas -ventanas, calles, coches-, pero sobre todo olvida mirar un poco hacia abajo, hacia el origen común de todos. Será que tantos años de dominación han hecho que la gente como acto reflejo no quiera bajar la mirada, será que es incómodo caminar así.
Y los zapatos, conformes con su destino protector, moran allí, entre el olvido y la nostalgia de aparadores remotos, donde antes moraron orgullosos, altivos, únicos en su tipo.
Nada revela tanto la personalidad de la persona, y a veces su vida, como su calzado. Esforzados, nobles, barrocos, sucios, desgastados, sin mácula. Viajan tanto que no se mueven nunca, que no dejan de ser -y parecer- vientos ajados.
Hace poco tomé atención en los zapatos de alguien a quien estimo. Estilizados pero nobles, indican que su alma late. No se lo comenté, pero sé que detrás de todo ese maremagnum textil seguramente se esconden dos pies bellos -la belleza, si existe, resalta como sol en el extrav{io de las tempestades-, como toda ella, como su alma, como su historia que desconozco.
Algún tiempo después también ella bajó su mirada. Iba contrariada, pero no quise molestarla más. No sé si observó mis zapatos, pero si lo hizo, seguramente encontró dos pies viejos, ajados, llenos de historia y polvo cuidadosamente guardado por años de camino.
Comúnmente uso botas de inspiración militar -que vale decir en mi país están prohibidas. Nadie lo sabe, a nadie le importa. Como todo en este país bendito que tiene la maldición de su ciudadanía.

Antes

Antes de saber
que siquiera existías
que tu sombra se proyectaba
por lugares soñados
ganados al insomnio secular
a las palabras llenas de silencio

Antes de llegar
de sentir tu piel con la mirada
con los ojos tristes que observan lejanías
que ven partir barcos
tierra adentro

Antes de todo
de la palabra
la canción
la imagen que azul habitas
por ensalmo de mi ceguera
antes del suspiro
que tímido trasciende paredes y versos
ya mi corazón
mi alma
estaba
esperándote

asteazkena

Falsa alarma

Tenía que escribir algo. Sentí unas ganas irrefrenables de decir algo muy importante, una frase que trastocaría el sentido de mi vida, que obviamente sería algo inolvidable.

Pero se me olvidó y las ganas se fueron. Otra vez será.

asteartea

*

Me voy despojando lentamente
de los ojos y las manos
de las voces que me dictan
que me nombran
recuerdo aislado de un pasado
que no deja de ser tentación futura

tengo otra voz
otros acentos que mostrara una sombra tan lejana como yo
tan cercana como el abrazo
que inesperado llega
que breve, sólo dura
una eternidad

dejo los labios como pago
a tanto aire brindado
constancias de sonido y tiempo
de bocas ansiosas por callar
de ojos que me miran con sorpresa
de la mujer que espero
que el destino me ha prometido

la noche dura todavía
yo permanezco
vivo -pero sólo mientras no recuerde

osteguna

De lo ridículo del egocentrismo

Podría iniciar este post de la misma manera que alguien empezó a hacer su declaración de retirada: 'Anoche se terminó una amistad de años', pero faltaría a la verdad. El 12 de agosto -al día de hoy, antier-, se dio cerrojazo final a una amistad que se había perdido algún tiempo atrás, hace como unos cuatro o cinco meses.

Yo no usaré eufemismos ni buscaré culpas. Sé que me porté mal con ella muchas veces, algunas de ellas, la mayoría, como reacción lógica ante las constantes agresiones. No soy débil ni mucho menos, pero tengo mis límites. Y es que hay gente que cree que la amistad lo perdona todo, pero hay cosas, hay palabras que jamás deben decirse ('si me das a elegir entre tú y 'x', ya sabes cuál es la respuesta').

Yo inicié la retirada hace algún tiempo, cuando me dí cuenta que el abrir los ojos no le sirvió para ver la luz, sino para refugiarse en las sombras de un tipo estúpido y timador, al que no le valen los estudios, pues saber no es ser una enciclopedia, sino tener la humildad para maravillarse a diario. La inicié por que no fue la persona a la que yo estimaba -y estimo- sinceramente, esa persona que pasaba los domingos conmigo en Nicolás Romero, con la que discutía, sí, pero siempre de una manera que yo creía cordial.

Supongo que esa soledad le hace apropiarse de las historias ajenas. Considera que hay un paralelismo entre una persona que yo amo realmente y con todo el corazón y ella. Falso. La quise como a una hermana, llegué a pelearme con amigos y familia por ella, pero como hermana. Nunca suscitó en mí el más mínimo interés de otra índole, aunque ella quiera creerlo. Y sé que lo cree.

No tengo ninguna razón para darle muestras fehacientes de existencia a alguien que, a más de serme extraña es indiferente. Duele por que supuse que sería leal hasta el último momento -según mis cuentas, nuestra amistad duró casi diez años-, que no se seguiría engañando. Mentí, es verdad, pero sólo quien sabe qué dolor carga es quien puede saber por que emplea las armas para defender espacios que cree suyos.

Ella cree que es el centro de mi universo, que alrededor de ella alguna vez giraron mis escritos, que cuando me refiero a que operarán de las manos a alguien que en este instante es el contorno de mi sombra me estoy refiriendo a ella. Error, ni siquiera sabía que a ella la habían operado, lo cual por otra parte me dió gusto por que hace mucho tiempo le recomendé que lo hiciera.

Es desgastante y absurda esta situación, lanzada por el egocentrismo de una persona valiosa, indudablemente, noble, desde luego, inteligente y capaz, pero lamentablemente solitaria. Es duro ver que la realidad sigue a pesar de tí, que alguien que considerabas eterno seguidor nunca fue eso, y me imagino que eso es lo que persiste en su mente.

No me importa. Ya no, es decir. Y sí, la consideré mi mejor amiga, y sí, la quería. También traté de avisarla de algunos errores que tuvo, y que pensó que le decía eso por celos o por maldad pura. Ahora ya no importa.

Algún día le enseñaré las manos de mi amada, tal vez hasta la invite a la boda en donde no habrá alguien con su cara, desde luego. Pero eso sólo Dios y el destino lo saben, mientras tanto me da lo mismo que piense que son cuentos o no. Esta es la verdad y punto.

Sé que vendrá buscando esta respuesta. Sé que lo leerá y sé también que contestará de alguna manera. No importa, yo le sigo deseando una vida bonita, lejos de problemas, por que aunque se quedó con una imagen antigua mía, yo también he cambiado. Y mucho. Ahora sé perdonar y le perdono todo lo que ha hecho y dicho también. Y le pido disculpas por todo lo que le he dicho y hecho, con o sin justificación alguna

A pesar de todo, para mí, aunque lejana, sigue siendo una amiga, quizá no la mejor, pero sí una gran persona.

larunbata

Umm, el amor y el vino

Hace algún tiempo escuché lo que considero la canción de amor más hermosa que he conocido. Y yo no soy para nada romántico. Es de un cantautor euskaldún, de nombre Urko. Se llama Maite, maite, maiteia. Esta es la letra, y está, como no, en euskera:

Maite maite maitia
Zu zara nerea
Zu zara berria
Zu zara negarra
Zu zara irria

Maite maite maitia
Zu zara mailua
Zu zara aizkora
Zu zara egurra
Zu zara burnia

Hurbilduko banintzta
ikutuko ba zindut

Hemen, hemen zu ta ni bakarrik,
bakarrik munduan,
bakarrik maitasunean.
Maitasuna.
Zer da maitasuna?
Zer da maitatzea?
Zenbat irautzen du maitasuna?
Zu ta ni bakarrik maitasunean

Maite maite maitia...

Bainan,
Beti dago maitasunean,
bainan zerbait.
Jadanik ezin dezaket maita.
Hain laburra
zureganako maitasuna dagoeneko hillik da

Maite maite maitia...

(Traducción: Amor amor amor/ Eres mía/ Eres nueva/ Eres llanto/ Eres sonrisa// Amor amor amor/ Eres martillo/ Eres hacha/ Eres madera/ Eres hierro// Si me acercara/ y te tocara...// Aquí,/ aquí tú y yo solos,/ solos en el mundo,/ solos en el amor./ El amor./ ¿Qué es el amor?/ ¿Qué es amar?/ ¿Cuánto dura el amor?/ Tú y yo solos en el amor.// Amor amor amor...// Pero,/ en el amor siempre hay algún pero./ Ya no puedo amarte./ El amor es tan corto,/ que el mío hacia ti,/ ya ha muerto.// Amor amor amor...)

Ya está la traducción -llevo algo de prisa- sólo les debo el audio. Seguro que más de una persona de las dos que leen esta bitácora la encontrarán tan buena como yo. Eskerrik asko!

osteguna

De Lisboa a Montevideo

Se agota el tiempo. El reloj da sus últimos latidos en una vieja caja que le sirve de excusa y sarcófago. La veo y me ve, la espero. Ella no me busca, pero deja semillas que, si yo quisiera, me harían encontrarla.
Supongo que debe ser así. Que debo saber esperar y ver, acechar como sombra, esperar. Saber que nada hay peor que la agonía de la espera, ni siquiera el desencanto. Saber que nada pasa hasta que le es asignado un tiempo, un latido.
Una cruz se ilumina en el sur. El viejo fado es ciego, pero certero. Me ha dicho que pasaré de Lisboa a Montevideo, que mi sangre regará otras latitudes. Seré, pero en otro sueño. Amaré, pero con otro pecho, con un nuevo corazón purificado en la blanca tristeza de este día.

astelehena

Anteojos

A pesar de todo, me gusta la vida. Me encanta apreciar los colores, las formas, la luz y las sombras mezcladas en signos sin sentido a los que cada uno les pone nombre y apellido. Historias condensadas en aquello que, de alguna manera, se percibe como personas.
Me encanta verlos escribirse, casi tanto como me gusta quedarme quieto, como una fotografía que intento descifrar de mí mismo.
Hace algunos años que me dijeron que debía utilizar anteojos -lentes o gafas- para corregir una miopía que padezco. No me gusta usarlos, por que es, según yo, hasta cierto punto colocar una barrera entre el mundo real y mi vista, entre mis ojos y la vida que merece ser sentida sin ninguna dulcificación.
Por esta razón no me había decidido a usarlos. Sentía que era, hasta cierto punto, negarme a vivir, hacer patente el miedo que me causa estar vivo. Que es hermoso para la literatura, pero es terrible para vivir.
Hace algunos meses empecé a refugiarme en ellos. Las cosas no son lo que me parecía, y eso es realmente triste. Ahora he empezado a ser como los demás, a reservarme un mucho para mí. Ahora que vivo, he comenzado a morir.

ostirala

Pedir perdón

No creo que exista una cosa más incómoda que pedir perdón. Incómoda y, sin embargo, muchas veces necesaria.
Para vivir uno necesita matar o morir, siempre lo he creído. Sin embargo, uno no puede vivir solo, y si ha hecho tanto espacio para sí, debe saber que ha empujado a otros, o los ha lastimado.
De allí la relevancia de pedir disculpas. No importa lo estéril que sea, pues el mal que se haya hecho ya se hizo, sin hacerlo. A veces es eso y no el espejo lo que hace vernos realmente como seres humanos.

larunbata

Cansancio

... y dándose cuenta de que en verdad estaba sólo, por fin abrió los ojos. Palabras más, palabras menos, podría decirse que es mi situación actual.

Durante años, y a pesar de lo mal amigo y peor persona que dicen que soy, he tratado de tolerar a las demás personas. Les sigo sus juegos, soporto sus majaderías, intento buscarles la cara.

Tengo que dejar claro que no soy el dalai lama ni mucho menos, que tengo un carácter extravagante, fuerte, que me enojaba -y a veces lo sigo haciendo por cualquier cosa-. En todo caso tengo una personalidad difícil y que ya a estas alturas del partido será difícil cambiar.

Pero si algo tengo de positivo es que suelo ser leal. A toda prueba, con la terquedad característica del pueblo de mis ancestros. Soy leal y trato de ayudar en la manera de lo posible a mis amigos, y a quienes no lo son, por que considero que eso siempre ayuda a entender el porqué de las cosas.

Quizá uno de mis principales errores sea ese. Preocuparme de más por cosas que ni me conciernen ni deberían interesarme. Buscar el cariño a toda costa es malo, por que se olvida que la estima es un sentimiento individual que no tiene por qué ser recompensado por la otra persona.

El amor que se ofrece pierde valía. Y alguien que no sabe recibir cariño y lealtad por nada, que prefiere a aquellos que le llenan de nubes el oído, fracasados que aislados en su propia amargura y soledad creen tener la respuesta para el mundo, no creo que tenga valía.

Así que recojo mis cosas. Se levanta el puesto, se acabó lo que se daba. De este punto en adelante sólo querré a quien me venga en gana, no buscaré más. Quien quiera conocerme tiene mi dirección y si me place, le seré leal como siempre. De lo contrario, sigan su camino.

ostirala

Siendo todo, siendo nada

Pocas personas habrán logrado trascender tanto desde un sitio tan íntimo, tan común que no vale mucho la pena dedicar páginas biográficas a quien dijo alguna vez que la biografía del poeta es su propia obra.
Sus palabras, multiplicadas por el espejo de la locura tan temida por él mismo, se han colocado en el sitio inmortal de las cosas que la misma naturaleza da. Su grandeza, a pesar de gozar de buen recaudo entre las líneas de sus poemas, ensayos, obras de teatro, cuentos y pequeñas novelas, no ha sido descubierta del todo.
Pero, como de una estrella cautiva bajo una capa de olvido, su brillantez fulgura, deslumbrando a cada cosa que se descubre de él.
Bajo, delgado, con su bigote y sus anteojos característicos, caminando por las calles de su Lisboa amada, escribiendo poemas en oscuros lugares, en la soledad de su propia alma, supo dejar su vida para conseguir la atemporalidad.
Ya son doce décadas del nacimiento del hombre moderno por excelencia. De aquel que aún rodeado de gente es uno y es multitud. De quien ejemplifica la saudade. De quien sacrificó su vida y su felicidad por cobardía y amor a la poesía. Del único genio, del poeta completo. Son 120 años del natalicio de Fernando Pessoa.

astelehena

Lluvia

Hay cosas que tienen un cierto significado, una magia oculta que las revela de múltiples formas, de maneras insospechadas que son historias, lamentos, versos azules.
Me enredo con las palabras para nadie, con esa nostalgia tan mía que no puede ser interpretada por nadie, ni en tonos menores, ni en bemoles.
¿Será que por eso llueve solamente sobre esta región de la esperanza, sobre este llano nocturno lleno de un nombre que nada dice y que no se puede escribir?
La lluvia ha tomado por asalto la ciudad que se derretía ante el embate de un sol tirano. Y las palabras que concurren a esta región despejada de mi cabeza remiten a historias antiguas, a otras personas que caminaron bajo otras calles, viendo otros rostros, otras soledades....
Que finalmente son la misma de la mujer que imagino detrás de la ventana, viendo a través de ella lo que de infinito tiene el mundo. Por que si fuera perfecto, si estuviera completo no existiría y nada tendría importancia.
¿Será que por eso llueve, por que no tengo nada que decir, por que la saudade no se hizo para escribirse, ni para beberse, ni para fumarse, sino para sentirse?
Camino sin moverme de estas cuatro paredes, sin poder salir de esta bóveda en la que malgasto doce horas al día. Escribo, veo, intento sonreir. El verano se acerca con su vestido líquido y hay que estar presentable para su inminente reinado.
¿Será por eso que llueve, por que todo existe, sólo por que hoy estoy triste?

asteartea

Sueños

A veces tengo una suerte extraña con lo que sueño. De momento se me ocurren cosas grandiosas que, cuando abro los ojos, desaparecen como por ensalmo. Otras veces me angustia tanto saber qué es lo que pasará con ellos que precipito el final.

Es muy curioso esto de inventar un mundo irracionalmente y conservar ese sabor de la fantasía volando en la cabeza durante todo el día. Saber que llegará la noche y que los sueños serán distintos, que no hay manera de recobrarlos, como la vida misma.

Tan frágiles ellos, hijos de la única forma de eternidad que posee el ser humano, anhelos de volar y de sentir que se transforman en miradas, imágenes fantásticas y personales, que no pueden retratar las palabras ni los sonidos más dulces.

A veces desearía quedarme permanentemente anclado en esa fantasía que me permite ser protagonista y público al mismo tiempo. Pero eso sería tanto como conformarme con sólo admirar la belleza, renunciando al natural anhelo de disfrutarla y poseerla.

ostirala

Estío-hastío

No tiene sentido vivir enamorado. Todo se mueve tan lentamente, las cosas empiezan a bailar ante los ojos que, insomnes e incrédulos, miran todo sin ver nada.

Se espera demasiado. Las rosas y los zorros son insuficientes para contar un cuento inviable, imposible sueño -incluso en el terreno de lo onírico.

Estoy algo cansado. Sé que debo esperar, que las fantasías tardan más de dos estrellas en nacer. Pero vendrá, seguro como es que hoy, a pesar de que el sol funde mis pensamientos llegará la lluvia.

Ojalá que cuando llegue aún recuerde mi nombre.

Ella ve, vive y sueña no lejos de donde la espero. Ríe y piensa en que la espero. Fuma lentamente y espera a que me desvanezca. Soy tristemente real.

Su paso felino se acerca, su desconfianza le detiene. Pero llegará, seguramente, algún día.

Ojalá que cuando llegue llueva y mi nombre exista.

Mi palabra se hace larga y tibia bajo este sol tirano. La sangre, el sudor y el hastío acompañan la enésima taza de café que languidece, esperando a ser bebida. Reacciono casi muerto en el escenario en que represento a lo que no creo ser.

Aplaude desde su lejanía, único público que me observa -sé que cree que no me considero observado, pero sé que está en las sombras, manipulando los silencios.

Escucho su respiración. Me refresca con su voz. Espero.

Ojalá que llegue antes de encontrarme muerto.

Muerto inconfeso.

Ciego y muerto.

Insomne, muerto y sin espejo.

osteguna

Lluvia de mayo

Es mayo y comienza a llover. Me encanta la ciudad cuando esto sucede. Cada uno de sus rincones toma un matiz diferente, algo nostálgico, distante de la urbe sucia que suele ser por la pésima educación de los que vivimos en ella.

Durante el verano se redime

Saca sus prendas de fiesta, y en su gris absoluto fluyen sueños de distancias hermosas.No se parece a sí misma. Es sólo lluvia y concreto, levedad triste de una ciudad que en el corazón de la tierra añora su existencia marítima, por que no sólo el océano es mar.

Todo se tranquiliza, se hace puro y triste en la ciudad después de la lluvia, que mira con los ojos de la mujer que quiero y me quiere. No hay mayor prueba de felicidad que esta.

astelehena

Esperanza

Siempre he considerado a la esperanza como uno de los peores males de las personas en general. Distrae, no lleva a nada, siempre está cimentada más en lo que se siente y en lo que se cree que en hechos reales.
Hay quien, a pesar de llevar una vida llena de penas, siempre tiene la esperanza de que el día siguiente será mejor. En consecuencia es peor por que lleva a cuestas el desengaño. La esperanza mata las razones por las cuales pelear, por que consiste en eso: en esperar a que las cosas, el fado, lleguen a un orden deseado.
Hoy soy así, pero no siempre fui de esta manera. Cuando niño, después de las largas caminatas que hacía con mi padre y mi hermano, decía que siempre se podía esperar algo mejor, que hay que dar siempre el último paso por que, ¿quién sabe?, allí puede estar lo que buscamos.
Años después no me reconozco como ese crío que tenía siempre una palabra de aliento. Me volví árido y triste, enmudecí. Y la tomé contra la esperanza, porque de haber sido realista, ¿quién puede saberlo?, tal vez podría ser una mejor persona ahora.
Aunque en este momento ya no tiene sentido, busco en la mirada castaña de alguien esa tibia briza que me regrese a aquel estado que ya no recuerdo. Busco su memoria, el abrigo de su casa de siempre, el descanso. Tengo, finalmente, la esperanza de ser feliz con ella, aunque no se termine en su pecho el viaje.

La muerte del capitalismo

Siempre quise pensar cómo sería. Si las hordas de proletarios, de marginados inundarían las calles, si tomarían las plazas y las ciudades, si las fábricas se llenarían de cantos y los graneros mundiales serían vaciados para satisfacer el hambre.

Sin embargo la realidad siempre vence a la fantasía, al deseo. Hoy en diferentes periódicos he visto lo mismo, que si este sistema económico agoniza, que si ya no da más. Que si los multimillonarios están hartos de la riqueza y desean compartir -jaja- con todo el mundo su auge.
Y, tristemente, todo sigue igual. Podrá caer el sistema, pero nada redimirá a los excluídos de siempre. Peor aún, el sistema caerá sobre sus espaldas.
A veces pienso que es mejor que sea así, por puro temor a lo desconocido. El capitalismo muere tan lentamente que quizá estas letras desaparezcan, y la humanidad también, antes de que se celebre el velorio.

asteazkena

La Diada de Sant Jordi

Es un poco raro este día, por que es de esas fechas que pueden pasar desapercibidas para el común de la gente: es abril y en el país donde vivo no se festeja nada, es un miércoles de mitad de quincena como cualquier otro -salvo por la excepción de que está haciendo un calor terrible-.

Sin embargo, para mí reviste un simbolismo especial. Por principio de cuentas, en un día como hoy de hace algunos años nació mi hermana mayor, quien nos ha visto desde pequeños y a la cual le guardo un cariño especial, como el que reservo sólo para la gente de mi familia. Ese cariño que puede soportarlo absolutamente todo, y contra el que no existe remedio.

Otra de las cosas es que se celebra el día mundial del Libro que, con mucho, es mi objeto favorito. Tantas cosas he leído, y tan pocas he aprendido que me gustaría tener dos años de edad a la fecha para poder comprender la mayoría de mis antiguas lecturas.

También lejos, del otro lado del Atlántico se celebra el día de Sant Jordi, patrono de Catalunya. El santoral no sería relevante -de hecho no me importa demasiado- si no fuera por la historia: el hecho de que un humilde caballero derrotara a un dragón por amor a una princesa ya suena de por sí interesante. En esa tierra que no he visto la gente regala rosas y libros en este día.

La más reciente de las cosas buenas que ha tenido este día en mi historia ha sucedido hoy. Después de un año sin verle, ha vuelto a mi vida una persona importantísima, la que es la causa de mi poesía y el eje de mis sueños.

Su silueta amena, su risa ligera y esa poderosa mirada cetrina se ha vuelto a posar en mis ojos. Qué le vamos a hacer, si he caído rendido ante el fuego de sus ojos.

Creo que como nunca este día de Sant Jordi ha sido benévolo con quien esto escribe: he recuperado mi estrella, la rosa del Principito a quien escribiré, si es posible, con memorias el libro de esta vida.

astelehena

La vida futura

Contra lo que pudiera pensar, ha llegado el día de mañana. Llegó sin avisar, después de la larga noche que fue mi adolescencia. No siento ninguna nostalgia de eso, del tiempo de las furias, de las tristezas infinitas, de la poesía como pan y escape a mi realidad.

Ahora sé quien soy. Sé cuánto mido y hasta dónde pueden ver mis ojos cansados. Ahora trato de reencontrar los tesoros de la madrugada. Busco sus caras, más limpias ahora, encuentro palabras y silencios. Silencios nobles de la gente que no sabe que acabo de despertar, de que las cosas serán diferentes -no por que así lo quiera, sino por que no puede ser de otra forma-, palabras que recuerdan lo buena que fue la noche.

Hoy queda crecer. Seguir bajo mi propio riesgo construyendo algo que en la noche de mis días -en la definitiva- recuerde que estos pasos, estas palabras no fueron ceniza, sino fuego que iluminó más de una conciencia, más de un corazón.

Mis pasos no marchan solos. Nunca volveré a estar solo, y aunque he perdido la mayor parte de la memoria sé que el rompecabezas de mi corazón está completo. Mis ojos, mi cerebro y mi piel están intactos. Queda camino por andar, recuperaré mi casa y volveré al muelle. Nunca más derivas.

Buscaré a quien me espere. Navegaré hasta encontrarle.

osteguna

Vuelta

Es tan difícil volver cuando no se tiene un lugar, cuando no se recuerda de dònde se partió, ni para qué.
Poco tiempo falta para el regreso, para cerrar los ojos y abrir la boca. Quien desee acercarse, considérese a bordo.
S. O.

Final

No sé muy bien qué pasa ni que debo festejar. Estoy tranquilo, disfruto a mi familia, tengo un buen empleo y buenos amigos y amigas que me estiman. Me recuerdan en muchas partes, y en otros lugares creen que mis letras -mis poemas, cantos, películas, canciones, dibujos- son buenos.
Pero algo falta para cerrar el cuadro. Mi corazón está todavía marchito.
Ni siquiera me duele ahora que mi mejor amiga nunca hable de mi. Ni que mi mejor amigo rete su propia naturaleza negándola. Sólo la quiero.
La querría, si la tuviera. Si la tuviera, me querría. Entonces escribiría otra historia.

astelehena

Deseos cumplidos

Con frecuencia pienso en lo que soy y en lo que fui y he descubierto que no existe gran diferencia. Desde siempre he odiado los reflectores, ser el que destaque o el centro de atención en algunas conversaciones. Me va mejor el anonimato, la vida tranquila, callar.
Durante muchos años fui demasiado notorio para mi tímido temperamento. Pero, poco a poco, como si la noche y el destino se unieran en un abrazo infinito, los rasgos se me han ido borrando. Paso a ser leyenda, sombra sin dueño, suspiro vedado.
Ahora me busco entre las fotografías de los demás. Espero a alguien que me describa, que me cuente quién soy. Que me dé algo de memoria, un recuerdo y una cara, un sueño y algo más que el propio insomnio.
Ya sólo existo: quería olvido y no recuerdo nada.
Quería el anonimato y ahora ya no soy.

larunbata

Mentira

Hay cosas que no creo de la gente. No de toda, por supuesto. Hay palabras que no pudieron ser escritas por la gente que quiero, o que necesito.



Suelo ser desconfiado por naturaleza. Por eso, desde hace años, mi gente más cercana conoce mi vertiente felina. Cuando escucho algo que no concibo en la gente que creo, lo ataco. No sin razón, sino simplemente como una afirmación de que la gente es sincera y se presenta como es.



Soy actor y no me gusta que la gente actúe. Puedo oler una mentira a metros de distancia, y eso no siempre es grato. Ya lo dijo el Dr. House, todo mundo miente. Lo bonito, misterioso y grave del asunto es ¿por qué?



He conocido a mucha gente por sus mentiras. A mis amigos por su lealtad y sinceridad. Y a la mujer que quiero, por una mezcla de todo eso y algo que no me he atrevido a descifrar.Será que eso es amar, esa ceguera absurda y necesaria, esa mentira que nos decimos, ese fingimiento, esa tristeza.

astelehena

Coincidencias

A veces pasa que antes de anochecer, un ave canta un letanía lenta, sutil; una especie de himno a la nada. Entonces llega la noche, dueña y señora de todo cuanto se puede soñar, luz vaga que ayuda a viajar entre lo incierto, en la nada.

También hay gente que es así. Gente que se presenta como aviso de que esa triste venganza del olvido terminará pronto, y aquella persona volverá. Entonces el corazón empieza a latir de pronto, y los ojos se visten con sus mejores tristezas, con la gama de los colores que sólo la ausencia conoce.

Camino por este sendero lleno de frío, de abrigos mal llevados, de caras largas. Mis pasos resuenan en Santiago y en Lima, en Irún y en Lisboa. No me he movido, pero sé que pronto encontraré eso que busco sin querer, eso que me salvará sin que lo desee.

Ella está de regreso, quizá para siempre. La princesa vio su cara escrita en la Cruz del Sur.

ostirala

Adeus... e nem voltei!

Adiós, dijimos
y nada más de entonces quedó;
de alas quebradas
fui un ave que voló

Pedro Ayres.

Es hora de seguir caminando. De tirar las piedras que atan mis pies al fracaso. Tomo mi fardo y sigo mi camino, sin salvar a nadie, sin salvarme yo. Otras lunas seguirán a esta, falsa, remota, perdida en el laberinto de sus propias palabras, de sus siempre ominosos silencios.

Vuelvo a la casa que me espera, de donde jamás debí salir. Vuelvo con la frente alta, dorada de sueños propios, de nuevas fantasías que crecerán a seguro resguardo del canto de las sirenas.

Por dejar, esta vez no dejo nada. No importa, por que las flores muertas no tienen ojos, se les escurren las lágrimas entre sus recuerdos viejos, entre su aura de desdicha.

Dejo el espacio vacío. Que lo llene quien se interese. Yo regreso al mar.

osteguna

La dolce vita

1


Hace no mucho tiempo estuve viendo una película italiana, muy buena, que se llama precisamente así, 'La Dolce Vita', y trajo a mi cabeza una serie de reflexiones, de imágenes que se me fueron pegando una tras otra para formar un caleidoscopio en el que me detuve a pensar.


Nada tiene sentido. La vida del protagonista de esta película de Fellini, Marcelo, transcurre entre fiestas de la 'alta sociedad' italiana, entre glamour y poses pretenciosas, entre cosas que terminan por aburrir, y él está fastidiado de eso, pero no sabe hacer otra cosa. No diré en qué termina la película, pero si diré que a veces uno encuentra ciertos paralelismos entre lo que ve en la pantalla y la vida cotidiana.


Mi vida ha transcurrido durante el último mes en un ambiente al que no estoy acostumbrado, y al que por natura siempre he sido ajeno. Fotografías de padres e hijos orgullosos, de fiestas, de gente mirando hacia ningún lado, tratando de averigüar que hay, que existe más allá del aire, de las imágenes falsas que ríen con o sin ellos.


Lo más probable es que todo esto se deba a mi propia apreciación. Quizá ese es el origen de mi drama personal: no puedo vivir una vida sin magia, sin preocuparme por pensar que existe más allá de toda esta realidad aburrida y sin sentido.


No estoy triste. Sencillamente pasa que ya no tengo qué decir.


2


Me di cuenta demasiado tarde, ya había llegado y estaba próximo a extender su dominio por las tardes y las noches, si bien lo descubrí por la mañana. Estaba sentado y de repente un golpe de luz me hizo pensar en la posibilidad.


Supuse que aún no era tiempo. Que faltaban semanas, incluso meses para que llegara, pero una a una las señales inequívocas de su presencia se acumulaban ante mis ojos. Los árboles se mecían con su aliento frío, las piernas me temblaban y el cansancio ya bebía café en la puerta de casa.


Desde entonces las tardes son más largas, más tristes, irrelevantes. Siento en el cuerpo el pesado paso de las horas. No cabe duda: llegó diciembre.


3


Vio sus manos y estaban llenas de manchas. Cada mancha, una pregunta incontestable acerca de una vida que había decidido no vivir. Cubría con fantasías esos huecos de la memoria, hasta que se vio sólo, triste, sin palabras.


Descubrió que la piel lo dejaba también. Que estaba desnudo y nadie se daba cuenta, ni siquiera él mismo. A su paso, las aceras cambiaban de color, la luz se amplificaba.


Quiso dar vuelta, revertir el engaño. No pudo: ya no existía.


4


Nunca había querido a nadie así. Cierto es que no tenía un corazón apropiado, y que aunque amé a la tristeza, también ella me dejó inmerso en medio del mar, de la angosta frontera entre el sueño y la poesía.


Es cualquier persona. En sus ojos no nace el sol, y trata de meditar la poesía. La traiciona la realidad. Y, sin embargo, así la quiero, cansada y como esté, por que yo también estoy cansado, y en pijama.


La quiero por ahora. Pero la tristeza que me acoge, que me da vida y en la que resido vigila, acecha, ama que la ame como hasta ahora.

igandea

Palabras

Primera Ficción.
En el principio, las palabras no eran más que sonidos sin sentido, aire respirado, suspiros vanos que se perdían en un bosque de oídos silenciosos. La noche era más profunda que los versos, las frases que obstinadamente se juntaban, se coagulaban en los remotos espacios que las pieles dormidas guardaban.
Era invierno y tan sólo ellas lo sabían. Conocían todo lo que se podía saber, expresar, cantar. Vivían en el apacible rumiar de la vaca y en el alegre nado del pez, en los mullidos lomos de los gatos y en la calma suave de las nubes.
Un ojo oscuro se abrió en la penumbra de esa noche llena de sonidos eternos. Y comenzó a nombrar: ave, pasto, vida, mujer. El sueño se fue diluyendo entre brumas mortecinas, cada cosa caía, se hacía táctil, se podía abrazar. El hombre abrió el otro ojo.
Se puso de pie. Probó nombrar muchas cosas: mar, cielo, rosa, fuego. La materia convocada se volvió real, tocable, vivible y también efímera. El hombre se dió cuenta que las palabras son pájaros que una vez nombrados mueren cayendo al cielo.
De pronto se vió solo. Dijo mujer y aparecieron otros ojos tristes, cerrados. Nombró a la muerte y una rosa se precipitó en el pozo de sus labios. Dijo saudade y comenzó a llover.

ostirala

Deudas

Te debo tantas cosas...
Te debo la nueva confianza que tengo en la gente, las ganas de que las cosas resulten mejor cada día.
Te debo las tardes de los domingos de hace tanto tiempo, salpicadas de poesía y cine.
Te debo a tu familia grande y grata, que no hacen sentir extranjero a nadie nunca.
Te debo el tener ahora los ojos abiertos, perdido como estaba en mis laberintos poéticos.
Te debo los planes de ir algún día, a una ciudad remota para beber mirando al mar.
Te debo las correcciones necesarias para mejorar y empeorar en el mejor de los casos.
Te debo sueños y alegrías, nostalgias y peleas, desencuentros y redescubrimientos.
Te debo poemas que he escrito bajo tu inmisericorde crítica, siempre perfectibles.
Te debo fotos tuyas, de momentos eternos.
Te debo historias, deudas históricas que todavía no pago.
Te debo canciones que nunca cantaré, retratos que no saldrán de mis ojos.
Te debo cafés con tostadas, pláticas importantes.
Te debo la valentía para encarar mi propio destino, sin más ayuda que la de quienes siempre están con nosotros, más arriba que todo.
Te debo nueve años de amistad, que ha tenido sus impasses, así como sus momentos memorables.
Te debo tantas cosas, María Luna, que me es preciso decir, aclarar de una vez por todas que no te dejaré, que estaré lejos pero pendiente de tí, que seguirás en mi memoria y en uno de los extremos de mi corazón recién reconstruido.
Estarás allí siempre, a pesar de las nuevas amistades y de los comentarios correctos o incorrectos que me gane o no. A pesar de ellos, a pesar de mí.

Suburbia

Casi siempre ando en el extrarradio de mi vida. Veo, como si se tratara de una película vieja y engañosa, andar las frases, las congojas que llenan mis días. No he decidido a entrar aún a escena.
La incertidumbre me vence apenas lo pienso. Estoy siempre por volver, pero no regreso por que es imposible. Nadie vuelve de ningún lado, todo mundo emprende un viaje distinto, y cuando pasa nuevamente por el lugar del que partió llega diferente, con otros ojos, otros pasos. En suma, siendo distinto.
Por eso me quedo sentado en las afueras de mi propias vida. La sombra es suficiente y, aunque las emociones son escasas y el alimento difícil, puedo permanecer un tiempo aquí mientras maduro como los frutos que hoy ya son ceniza, semillas que recobrarán la vida en forma de cardos o árboles.
Podría hacerlo. También podría dejarme despertar por su agria bondad, por la necia suavidad de su piel morena, nocturna, de la mirada que admite dudas.

asteartea

Hacia el deshielo de los años

Tenía la capacidad de recordar cada instante, cada momento, cada respiro. Podía ennumerar los pasos que dió solo, lo que vió en un día cualquiera y sabía qué canción se escuchaba en cada uno de los momentos en los que su sangre golpeó con fuerza el corazón que ahora dejaba de latir -o latía en un modo distinto.
Conocía el paso del tiempo, lo sabía escuchar llegar entre las sombras sutiles de los árboles que coexistían en su sueño, demencial y cierto. Sabía que todo -el espacio remoto, la piel sueva, el agua- eran creación suya, que nadie veía las cosas como él.
Pero él vivía feliz en su parnaso de cartón piedra, hasta la fecha fatal en que tuvo que despertar.
De repente se vió envuelto en miserias absolutas, las sedas y oropeles que lo cubrían eran remiendos de glorias pasadas, afiches amarillentos que no decían, que no significaban nada.
Poco a poco se fueron borrando las calles, las plazas, los recuerdos de cada bocanada de aire. La piel que tanto quiso fue tan solo una sombra compasiva que se detuvo a mirarlo, absorto en su borrachera de memoria.
Abrió los ojos, estaba lacerado, humillado, era nadie, pero por fin estaba vivo. Una flor creciendo en su mano izquierda es el único recuerdo que guarda de su anterior-brillante, inexistente vida.

Desembarco

Hacia muchos años que no ponía los pies en la tierra. Qué raro es eto de vivir, de descubrir que todo es tan nuevo, tan sorprendente. Qué fácil era ser el villano de la película, hacerse odiar y odiar a los demás por deporte de supremacía, por hábito. En su momento fue lindo, no voy a negarlo, pero haré uso ahora de mi derecho a crecer.
Echo en falta algunas cosas, personas que en su momento fueron imprescindibles. Ahora estoy bajando algunas cosas del Barco, cosas que legaron otros naufragios, saldos imposibles de recuperar, milagros que jamás ocurrieron -aunque algunas veces presumí de su existencia.
Espero y marcho. Levanot la cabeza y veo la vereda que me aleja de mi amado mar, del océano de mis divagues que tanto me apartó de este realidad. Quemo las naves por si la duda llega a besar mi sombra por la noche, -aprendo el lenguaje del rechazo.
Estoy feliz por que aún puedo hacer esto. Por que todavía es tiempo de renacer, de buscar, de encontrar...

astelehena

Pa' fuera telarañas

Hay que hacer limpieza de vez en cuando. Sacar del arcón de la memoria todo aquello que una vez significó algo, lo que se sufre y se supone útil para que no vuelva a suceder. En suma, basura, recuerdos que allí, en las sombras que les son propicias, duelen sin sentido, sin razón de ser.
Después de tanto tiempo fuera de mí, enclaustrado en mis visiones particulares, ha llegado el tiempo de salir. De erguirse y cantar la canción que durante años mi pecho ha confeccionado para las soledades. De saber que sólo está perdido aquello por lo que no se lucha y que hoy tengo que vencer al rival más terrible, a la sombra que soy en este reflejo.
Pero primero, la casa limpia. A reinventar el pasado para poder, en el futuro, restaurar la vieja gloria de los años que no tengo, de las personas que tampoco soy. A hablar sin decir nada de mi, de nosotros, de quienes somos. Y también a resembrar los senderos en donde alguna vez hubo plantas agradecidas de vivir bajo mi sombra.
Hoy echo pie a tierra. Anclamos el barco una vez más y sólo le pido a Dios, a los Santos, que la casa que me ofrecieron -casa/corazón/pecho- todavía tenga espacio para acoger a este pobre viento vagabundo.

asteazkena

Frase

Para María Luna
Cuando la luna se enamora el mundo tiene derecho a una segunda oportunidad.

astelehena

Cansancio

Vengo de un lugar muy lejano. Las sombras de la noche cobijaron mi nacimiento, que nadie sino la selva absoluta de la noche presenció. Estoy cansado y tengo hambre, pero no tengo un techo dónde quedarme, no tengo lugar, sólo camino.

Me muevo errante de la nada a ninguna parte, soy parte del polvo de los senderos que me miran insomnes, con la bárbara insignificancia de alguien que no es. Existo cada vez menos y no importa.

He vivido con los parias a los que pisarles la sombra está prohibido, he vivido en los estanques absolutos del olvido. Y estoy aquí, menos que muerto, poco vivo.

Me he jugado la vida en muchas ocasiones, y en la mayoría la he perdido. Ahora sin ilusiones sólo me resta esperar a que amanezca y muera, como debe pasar con los insomnios.

asteazkena

Acerca de El poeta y la puta

Este cuento nace a partir de la travesía de una noche. Un naufragio extraño en el que uno de mis mejores amigos me acompañó. Sin embargo, y a pesar de lo fuerte que puede parecer el título, no habla despectivamente de las mujeres. Todo lo contrario.
Por otra parte, la estructura remite a, quizá, el segundo mejor poema que he escrito en mi cortesana vida de escribidor. El poema se llama ajedrez y se puede leer de 64 diferentes formas. Formas en las que también se puede leer este cuento.

El poeta y la puta

*Para quitar ambigüedades con respecto a este cuento, favor de leer el post siguiente.

Tenía la certeza de que no le quería. Sabía, casi igual que ella, que las circunstancias -diferentes pero iguales- habían motivado el momento que recién había terminado. Sabía que estaba vacío y que sólo tenía lo justo para pagar e irse a su ninguna parte, de regreso a sus melancolías.

Hizo a un lado las sábanas con un desdén pesado, casi contundente. Se sintió aliviado al contemplarla allí todavía: no sabía cómo había llegado a ese lugar, a una situación inédita en todos los años que llevaba como vago de las noches incocnclusas.
Sabía, por ejemplo, que ella se llamaba Julia o Juana o Marta o Lucrecia, de cualquier forma su nombre no sería limitante para que él declarara tiempo después que no le conocía. Sabía que estaba allí su cuerpo, su instrumental de trabajo, sus herramientas. Sabía que anclados en la puerta él seguiría siendo lo que no es y ella sería, solamente.
Ella abrió los ojos. Sabía que no la quería, que si estaban allí eran por las circunstancias, por que aunque se le llenaran los ojos de melancolía cada vez que un hombre le preguntaba el costo de sus servicios, aunque hubiese querido quererlo y conocerlo.
Desde que lo vió se dió cuenta de su oficio. Cuando se acercó, acechante lúbrica y gacela de altos pasos nocturnos, constató sus sospechas. "Me dedico a la prostitución del alma" le dijo. Ella no sonrió.
Ella apartó las sábanas con fastidio. El precio había sido demasiado caro y, sin embargo, sentía que había contraído una incalculable deuda. Que no bastarían sus años -sus veinticuatro años recién cumplidos- para pagar esa noche nefasta, que no habría jabón que le quitara esa mirada de la piel.
Él también se sintió sucio. Abrió el grifo del baño y metió la cabeza, de la que caían pequeños hilos de cristal helado, que rotos al contacto con el lavabo se mezclaban con sus lágrimas. Nunca había querido, pero hubiese dado los dos brazos por poderla querer.
Fumaba lentamente un cigarrillo largo y delgado sentada en la cama, esperando a que saliera para saldar de una vez por todas este negocio de sombras. Nunca había querido a nadie, aunque muchos le han dicho que la quieren, ella daría su sombra por creerle esta vez que le quiere.
Se vieron por primera vez a los ojos, y vestidos como estaban se sintieron por primera vez desnudos y con un dejo de vergüenza. Él intentó sonreír, ella bajó la mirada. Buscó entre su mochila ajada los billets que su compañero de juerga le dió para subsidiar su noche, noche inédita en tantos años de parranda nocturna. Encontró una libreta vieja, un lápiz, dos dulces a medio terminar y la colilla de un cigarro. Ella miraba hacia la ventana.
Suspiró profundamente cuando le tendió los billetes. Ella hubiese querido decirle que no importaba, que esa noche la pagaba ella, o mejor aún, que se la cambiaba por un trago y unas tapas en el bar que se encontraba en el hotel. Pero se quedó callada. Guardó los billetes en el sostén, e intentó darle un beso que él rechazó con arrogancia.
Salió decidida por la puerta. Ella sabía que él no la quería, que era imposible que la quisiese, que el contrato había acabado y ella retiraba sus herramientas del lugar en que no lo vería jamás. Ella sabía que no le quería, pero habría dado el alma por haberle querido, asi fuera un poco.
Él se quedó sentado en la cama vacía. Miró sus manos ajadas. Él sabía que era imposible que ella le quisiera, que el contrato había terminado y que él retiraba sus cuentos del cuarto, sus poemas, su promesa de escapar a ningún lado. Él sabía que no le quería, pero habría dejado de escribir, habría dado el alma por quererle, aunque fuera un poco.